LETRAS LIBRES, ALMA FEROZ
Emireth Bollás Mendoza
Las pagamos al precio que sea.
Pasamos el día buscando la cantidad exacta; las servimos en la mesa para cada una y cada uno de nuestros invitados. Incluso googleamos cuáles serían los deseos que mejor se alinean con nuestra personalidad.
Pero cuando el primer mes del año termina, descubrimos que la dinámica es la misma.
¿Por qué creemos que con desearlo es suficiente?
Y es que el problema no es desear. La cuestión es que muchas veces deseamos desde un lugar irreal. Esto no significa que no seamos capaces de obtener lo que anhelamos, sino que debemos ir —como si fuéramos bebés— un paso a la vez.
Y justo ahí es donde entra el proceso…
¿Cómo obtener el carro de nuestros sueños? ¿El negocio próspero? ¿La pareja que cada quien considera perfecta?
Creo que el segundo paso —porque el primero tendría que ser tener claro lo que deseamos— no viene de algo material. Tiene que ver con algo que no se puede ver, pero que tampoco tiene precio. Tiene que ver con aquello que no podemos tocar.
Con el ser.
Con la persona que somos.
Con lo que nos decimos en nuestro interior.
Hay una reflexión que me encanta y que tiene mucho que ver con esto: muchas veces hacemos mal la receta:
Si hago ejercicio, tendré el cuerpazo y entonces seré disciplinada.
En este ejemplo partimos del primero obtengo y luego soy, y eso —al menos en mis experiencias fallidas— no se sostiene. Tendríamos que hacerlo al revés:
Soy disciplinada, seguiré haciendo ejercicio y, por ello, tendré el cuerpazo.
Y eso requiere fortaleza.
Fortaleza no para cambiar la meta ni para temerle, sino para sostenerla.
En este mundo actual e inmediato, vivir el proceso es un reto. Pero justamente es este el que forja el carácter, el que nos demuestra quién queremos dejar de ser y quiénes estamos dispuestos o dispuestas a dejar de ser.
El arte de soltar lo que no podemos sostener es valiente e íntimo, porque cada persona es un mundo y cada trayecto es personal y complejo. Por eso, las metas no deben venir acompañadas solo de emoción, sino de compromiso, constancia, enfoque y autorreconocimiento por el tránsito que decidimos realizar.
Este nuevo año tenemos la oportunidad de reevaluarnos, reconocernos y replantear las estrategias para cumplir aquello que nuestro corazón anhela. No dejemos que la emoción inicial sea solo una llamarada de petate.
La vida que deseamos merece ser vivida tal como la visualizamos, pero no perdamos de vista que de nada sirve soñarla si no va acompañada de un trabajo de compromiso con nosotros y nosotras mismas.
Hoy te invito no a que dejes de soñar, sino a que no permitas que la emoción inicial y las voces del ’no puedo’, ’no sé’, ’no se va a poder’ influyan para que dejes una de tus doce uvas en el olvido.
¡Feliz 2026!
Que sean 365 días de amor, aprendizajes, comunidad, abundancia, riqueza, compromiso y salud.