2021
José Antonio Rivera Rosales
Aunque aún estamos a dos años del proceso electoral de 2021, una carrera desaforada por la gubernatura dio inicio ya, en la que por igual participan tirios y troyanos.
Los pretensos han dejado ver su desmedida ambición por el poder, unos de manera más discreta, pero todos al fin operan para alcanzar las postulaciones más deseadas que, en su lectura, les aseguren el tránsito hacia la joya de la corona del estado de Guerrero.
Las cosas, sin embargo, no parecen ser tan sencillas.
A estas alturas, cuando la popularidad del presidente López Obrador ya ha comenzado a declinar debido al natural desgaste derivado del ejercicio del poder, algunos acelerados ya están operando una campaña desenfrenada y abierta en pos del pináculo del poder local.
Personajes como Félix Salgado Macedonio, Luis Walton Aburto, Carlos Reyes Torres, Pablo Amilcar Sandoval, Manuel Añorve Baños, entre otros que actúan más agazapados, se han lanzado con todo por la puja política pero sólo por sus muy personales ambiciones de poder, que de ninguna manera toman en cuenta las necesidades de los guerrerenses, mucho menos de los más pobres -que no son pocos-.
Quizá el juego político cobró vigencia a partir de las publicitadas fotos de Luis Walton con su amigo Andrés Manuel López Obrador, lo que pareció agitar el avispero pues de ahí en adelante todos parecieron enloquecer.
Un factor de poder sin duda alguna lo constituye el exgobernador Ángel Aguirre Rivero, quien ha estado impulsando consultas entre cuadros políticos de diferentes partidos con la idea, bastante pragmática, de construir una alianza ganadora para el 2021.
La propuesta de Aguirre Rivero parece haber cuajado en algunos cuadros dirigentes de partidos como el PRD, PRI, MC y otros de menor relevancia que, sin embargo, coaligados podrían inclinar la balanza en favor de uno u otro candidato.
Aguirre Rivero postula la idea, extraída de su experiencia personal, de que la tendencia política de estos tiempos radica en que la población electoral ya no vota por el partido, sino por el candidato. Algo hay de cierto en esa premisa.
En los últimos días Manuel Añorve opinó que no es el tiempo para hablar de postulaciones, pero de manera intrínseca aceptó que efectivamente habrá que construir alianzas para vencer al candidato fuerte, que seguramente será el de Morena.
Y sí, una política de alianzas entre diversos institutos políticos, con un candidato fuerte, es lo que podría imponerse en la puja por la gubernatura.
En ese sentido parecieran estar de acuerdo Aguirre, Walton y el propio Añorve. El enigma reside en los partidos que se aliarían, primero, y en la identidad del eventual candidato, después.
Aguirre llegó a proponer, como una probabilidad, una alianza entre el PRD y el PRI, mientras que Walton se pronunció por una coalición sólo entre partidos de izquierda, es decir, entre MC-PRD-PT, aunque habría que conocer primero los avances de los nuevos partidos, entre ellos el socialista Partido Amplio de la Izquierda Social (PAIS) y el elbista Redes Sociales Progresista (RSP), que llevan un registro bastante nutrido (ambos proyectos políticos podrían alcanzar su registro en un año).
El PRD, por su parte, intentará modificar su estructura política para convertirse en el Futuro 21, un nuevo membrete que buscará ampliar su membresía y penetración entre amplios estratos de la población mexicana, audiencias perdidas por su conducta abyecta en torno del poder, como fue el caso del Pacto Por México.
Si fructifica la alianza entre partidos políticos, aún entre los más disímiles, entonces tendrían una posibilidad de enfrentar con éxito al candidato que postule Morena -o, más bien, el que postule su tótem Andrés Manuel López Obrador-
Por lo que se ve Walton está buscando precisamente una alianza entre MC y Morena, que con bastante facilidad lo llevarían a instalarse en la casa de gobierno de Chilpancingo.
En el camino se topará con Félix Salgado, quien desde que accedió al Senado de la República comenzó abiertamente su campaña por la gubernatura pero mediante actos estridentes y carentes de congruencia -por no decir estúpidos- que sólo buscan generar un impacto mediático.
Pero en justicia hay que decir que, entre los pretensos de Morena, es el que tendría más oportunidad de ser postulado y ganar la gubernatura, dado su activismo de hace muchos años por todas las regiones de Guerrero. Es el prospecto más conocido y más aceptado por la población, sobre todo entre los estratos más populares de la ciudadanía.
Si López Obrador se inclina por Walton, este candidato podría hacer un papel más presentable en la justa electoral, aún frente a un eventual candidato de alianzas del PRI, del PRD y de otros partidos con menos presencia.
Para competir con éxito, el PRI tendría que postular a un candidato con historial limpio, como es el caso de Mario Moreno Arcos, en lugar de optar por un impresentable Manuel Añorve que es ampliamente repudiado entre los sectores urbano populares de la entidad por la percepción generalizada de corrupción que existe sobre su actuación en cargos anteriores.
Tanto Félix Salgado como Manuel Añorve tienen en su haber vínculos oscuros con formaciones criminales que operaron con holgura durante la administración municipal de ambos políticos. Pero de ello nos ocuparemos en otra entrega.