LETRAS SUELTAS, ALMA FEROZ

Capítulo III. El cuerpo como oráculo (Serie ’Un octubre en cuatro actos’)

Capítulo III. El cuerpo como oráculo (Serie ’Un octubre en cuatro actos’)
Política
Octubre 19, 2025 07:35 hrs.
Política ›
Emireth Bollás Mendoza › codice21.com.mx

5,521 vistas

Serie ’Un octubre en cuatro actos’.
(Cuatro propuestas para explorar experiencias humanas desde la mirada esotérica de este mes)!

Octubre, octubre, octubre.
Aún no termino con el mes y él ya terminó conmigo.

Es sorprendente cómo, en un solo día, la vida puede terminar, las cosas pueden cambiar y el cuerpo —inquieto y necio— puede obligarnos a parar. Y entonces, cuando el cuerpo se detiene, nos obliga a escuchar.

Ahí, en el impacto personal, me reclamé:
¿qué no recuerdas que tenemos pendientes?
¿qué no te acuerdas que tenemos proyectos?
¿por qué justo ahora, cuando ya estamos creando otro estilo de vida?
¿qué no se supone que íbamos rápido, pero sin prisa?

Cuando el ruido exterior cesó, los fantasmas —esos que normalmente no escuchamos por distraernos en el ajetreo de la vida diaria y la carrera por el éxito— comenzaron a hablarme.

No pidieron permiso, no gritaron; sólo me miraron a los ojos.
Ahí entendí que el cuerpo no olvida, pero tampoco castiga.
Lo que hace, todo el tiempo, es hablarnos; y cuando no ponemos atención, protegernos.

En el silencio, me descubrí.

Me encontré con los viejos vicios —de siempre y de años—: ese espíritu competitivo de nunca parar, de siempre dar más; con ese vínculo que ya no floreció más y que me cuesta enterrar; con esa persona que está en el cielo y que no pude disfrutar; con esa incertidumbre de no saber qué hubiese pasado si los ’hubieras’ hubiesen existido; con esa tristeza que aún no logro nombrar, pero que me define.

En el silencio, los escuché:
la manía de tener la mayor cantidad de cosas y situaciones bajo control;
la voz de la no monogamia preguntándome por qué la práctica coincide más con el amor romántico;
los brazos esperando un abrazo que jamás sucederá y consejos que jamás se me darán;
la incertidumbre de saber que cada acción tiene una reacción única y que el hubiera siempre es una posibilidad;
y una tristeza que, a veces, se siente como cansancio, como rigidez, como irritabilidad.

En esa conversación, entre ellas y yo, descubrí que no se trataba de quién tenía la razón, sino de aprender a escuchar sin confrontar las respuestas. Que mi cuerpo —nuestro cuerpo— no es débil, es sabio; es un oráculo que, a través de síntomas, de dolores o entumecimientos, nos habla, nos entrega mensajes.

Su idioma no nos castiga; nos muestra que, cuando prestamos atención, podemos volvernos mejores versiones de nosotras mismas.

Entendí que detenerse no es retroceder, sino una manera de avanzar.

Octubre no terminó conmigo, me dio la oportunidad de comenzar otra vez.
Ahora sé que mi cuerpo no me paró, me redescubrió!

Ver nota completa...


Capítulo III. El cuerpo como oráculo (Serie ’Un octubre en cuatro actos’)

Éste sitio web usa cookies con fines publicitarios, si permanece aquí acepta su uso. Puede leer más sobre el uso de cookies en nuestra política de uso de cookies.