Balón Cuadrado
Stephen Crane
Con tres sedes mundialistas 2026 -la capital del país, Guadalajara y Monterrey-, México se vislumbra como el circo esférico de terror más grande del orbe. Entre un tercio y la mitad del país, hay quienes aseguran que el 70 por ciento -de casi dos millones de kilómetros cuadrados- está en manos de la delincuencia organizada y desorganizada. Justa, conjuntamente, con Estados Unidos y Canadá, donde participarán 48 países. Y se disputarán 104 juegos.
Quizá como pocas veces, importará más lo que ocurra fuera del verde inmarcesible de las canchas. Y una vez más queda de manifiesto la voraz obsesión de los dólares por parte de la Mafia-FIFA. El espectáculo es irrelevante. La vida de los aficionados pasa a segundo término. Su presidente, Gianni Infantino, está ávido de seguir llenando sus insaciables arcas.
Hay un grave riesgo de que, este eficaz opio global del balón, pueda convertirse en un suicidio deportivo.
El orgulloso México mundialista tiene una macabra etiqueta: es la nación más violenta del planeta que no está en guerra.
La fiesta redonda arrancará dentro de escasos cinco meses, el próximo 11 de junio. No se avizora algo que la revierta, pese a las insistentes versiones de que, por la inseguridad e índices delictivos, la sede podría ser retirada a la capital tapatía
De acuerdo con cifras oficiales habrá alrededor de 5.5 millones de visitantes para ver los 13 partidos en las mencionadas sedes. Se calcula que Guadalajara registre unos tres millones de asistentes locales y foráneos.
El riesgo de esta inmolación esférica, es un fenómeno jamás visto en 23 ediciones de copas del mundo avaladas por la FIFA, excepto Argentina 1978, durante la feroz dictadura militar. Hace 48 años, mientras rodaba el albo balón, en la nación sudamericana, brilló una oscura fiesta de tortura, sangre y muerte. Durante aquella rabiosa tiranía castrense -1976-1983- saltó a la cancha un sangriento marcador: 30 mil muertos-desaparecidos.
La iniciativa global de Datos y Ubicación de Conflictos Armados (ACLED, por sus siglas en inglés), en su informe de finales del año pasado, divulgó su índice anual de conflictos. Estima que México es el país sin guerra más peligroso del mundo y uno de los 10 más violentos a nivel mundial por el accionar de las bandas de crimen organizado.
De acuerdo con dicho balance, el país de la llamada Cuarta Transformación -que bucea en la fosa séptica de un populismo supuestamente de izquierda-, figura como un país tan peligroso como Palestina y Ucrania, que enfrentan un conflicto armado de gran magnitud.
El primero por los ataques de Israel, que aún no cesan a pesar del alto al fuego, y el segundo por la invasión rusa, que el próximo 24 de febrero llegará a cuatro mortales años.
Y veamos el terror, en sanguinarios números:
De 2018 a 2026, en México, hay un registro de 230 mil asesinatos violentos, 130 mil desaparecidos, 11 feminicidios diarios y 88 periodistas asesinados. Sinaloa llegó a 16 imparables meses de narcoviolencia. País quebrantado, producto, en buena medida, de los mortales ’abrazos, no balazos’, durante el sexenio anterior.
Además de ese estado, cuna del narcotráfico mexicano, de acuerdo con filtraciones oficiales difundidas por la prensa, la administración de Trump tiene bajo la lupa a dos entidades más: Jalisco, cuya capital es Guadalajara, y Tabasco, curiosamente, donde es originario López Obrador.
Desde el 20 de enero de 2025, en el marco de su toma de posesión por segunda vez en el cargo, el presidente Donald Trump emitió una orden ejecutiva que puso a temblar al gobierno mexicano: catalogó como ’organizaciones terroristas’ al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), el Cártel de Sinaloa, el Cártel del Golfo, La Nueva Familia Michoacana, el Cartel del Noreste (CDN) y Carteles Unidos.
Y hay un permanente peligro de que se decante, en suelo nacional, una acción similar como la ocurrida en Venezuela, con la extracción del entonces presidente Nicolás Maduro Moros, procesado en Estados Unidos por narcotráfico, entre otros cargos.
Pese al discurso patriotero de la presidente Claudia Sheinbaum Pardo -arenga al pueblo a defender la soberanía nacional, en caso de una invasión estadounidense, como si estuviera de adorno el Ejército Mexicano-, persiste la amenaza, también, que algo parecido se registre acá, con los llamados narco-políticos, no sólo capos de cárteles de la droga.
Por lo que se observa, lee y escucha en la prensa nacional y redes sociales, ante la amenazadora espada de Damocles de Trump, están patidifusos los integrantes de la cúpula del Morena, partido en el poder, incluido el ex presidente Andrés Manuel López Obrador, por presuntos vínculos con la delincuencia organizada.
En el ambiente, hay un olor profundamente fétido desde el alcantarillado poder, que sale de Palacio Nacional y que llega a todos los rincones del país. Hiede el discurso oficial
Este año, por cierto, se cumplen 20 años de la guerra declarada a los cárteles de la droga, en 2006, en los albores del sexenio del entonces presidente Felipe Calderón Hinojosa.
El Mundial que está a la vuelta de la esquina, será visto por unos 12 mil millones de ojos, en promedio cada juego -sobre todo la inauguración, en el estadio Azteca, el 11 de junio, entre México y Sudáfrica-. A diferencia de las copas del mundo de 1970 y 1986, las sedes de la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey -por segunda ocasión- serán un latente infierno de violencia e inseguridad.
Y que parece imposible apaciguar.
El diario español El País, en un reportaje del 16 de diciembre pasado, pondera:
’Guadalajara es la segunda ciudad más importante de México. Por su potencia económica, que ha atraído a gigantes tecnológicos como Cisco, HP, Intel o Tesla; por sus más de cinco millones de habitantes; o por ser cada año la sede de la feria del libro en español más potente del mundo.’
Y contrasta:
’Pero Guadalajara también un lugar donde el poder del crimen organizado es capaz de derribar un helicóptero del ejército a cañonazos, poner en jaque al centro de la ciudad bloqueando a la vez 39 carreteras, planear una emboscada contra un ex fiscal a plena luz del día a la salida de un restaurante a de moda, o ser uno de los epicentros de la crisis de desaparecidos del país, que ya supera los 125.000 casos.’
Estas dos caras de la Perla Tapatía han quedado retratadas con nitidez estas últimas semanas.
El Estadio Akron -casa de las Chivas, el equipo más popular en la historia del futbol mexicano- un recinto moderno inaugurado hace poco más de una década, y con capacidad para casi 50 mil espectadores,
acogerá varios partidos de un evento que dejará una derrama millonaria.
A la vez, durante los últimos meses, han salido a la opinión pública escenas dantescas: decenas de bolsas con restos humanos en un radio de apenas 15 kilómetros en torno al estadio que en verano concentrará las miradas de más de medio mundo.
Y peor, imposible:
De acuerdo con versiones periodísticas, así como diarios digitales, el evento deportivo más visto del planeta llega a Jalisco, en medio de una crisis humanitaria marcada por desapariciones, fosas clandestinas y reclamos de justicia, jamás vistos.
A menos de cinco meses de que el mundo vibre con la celebración de la Copa Mundial de la FIFA 2026, una serie de descubrimientos macabros ha encendido una alerta en torno a la seguridad y el entorno social de una de las sedes oficiales del torneo.
En los alrededores del Estadio Akron, inmueble ubicado en Zapopan y que albergará varios encuentros de la justa futbolera, han sido localizadas al menos 456 bolsas con restos humanos, un hallazgo que pone en evidencia no solo la crisis forense y de violencia en la región, sino también los graves desafíos de seguridad que enfrenta México de cara al evento deportivo más importante del mundo.
Contienen cuerpos completos, restos seccionados y osamentas, según estimaciones de integrantes del colectivo Guerreros Buscadores de Jalisco.
Ya desde 2018 distintas bolsas con restos humanos habían sido halladas en Zapopan, una de las zonas con mayor crecimiento urbano del Área Metropolitana. Ahora, el hallazgo más reciente, inaugura lo que las propias familias llaman un ’corredor de fosas clandestinas’, justo en la periferia del estadio que albergará partidos mundialistas.
Desde 2022, cuando las labores de búsqueda comenzaron formalmente, colectivos han trabajado en distintos puntos cercanos al estadio, recuperando restos en fosas clandestinas que, según los grupos civiles, corresponden a víctimas de desaparición forzada y violencia criminal.
En la colonia Las Agujas, trabajadores de una empresa constructora encontraron restos humanos mientras realizaban obras para un fraccionamiento habitacional. Lo que comenzó como un hallazgo fortuito derivó en una investigación forense de gran escala.
Solo en ese punto se han recuperado alrededor de 290 bolsas con restos humanos.
José Raúl Servín García, integrante del colectivo Guerreros Buscadores de Jalisco, explica que tras la intervención inicial de autoridades y la conclusión formal de los trabajos, los colectivos regresaron al sitio.
’Nosotros acudimos al día siguiente y encontramos tres bolsas de inmediato; de ahí seguimos trabajando hasta contabilizar casi 300 solo en ese lugar’, relata.
No obstante, el fenómeno no se limita a una única fosa. Los restos han sido encontrados en distintos puntos de Zapopan y municipios cercanos, a Las Agujas se suman otros puntos críticos: La Noria y Next Impact, con más de 89 bolsas, y Arroyo Hondo, donde se localizaron cerca de 48.
La dispersión de los hallazgos, señalan los colectivos, confirma un patrón sistemático de ocultamiento de cuerpos durante años.
Este contexto se traduce en un alto número de desapariciones, homicidios y hallazgos forenses que desbordan los recursos institucionales. Según datos oficiales del Registro Nacional de Personas Desaparecidas o No Localizadas (RNPDNO), Jalisco ocupa uno de los primeros lugares a nivel nacional en número de personas reportadas como desaparecidas, con más de 14 mil casos registrados.
Esta estadística da marco a una problemática que trasciende el hallazgo de restos y evidencia un vacío de justicia y de capacidades institucionales para dar respuestas a las familias afectadas.
Las autoridades forenses han tenido dificultades para identificar los restos recuperados y entregarlos a sus familias, en parte por limitaciones de infraestructura, retrasos en los análisis de ADN y la complejidad de los casos, que incluyen fragmentos de cuerpos y restos incompletos.
Persiste la denuncia de opacidad en el manejo de los restos y el lento avance de los procesos de identificación.
Frente a este contexto, autoridades estatales y federales han señalado que existen protocolos de seguridad y trabajos de investigación en curso para atender los hallazgos y garantizar la seguridad durante el Mundial.
Así, se han desplegado operativos que incluyen la instalación de cámaras de vigilancia, equipamiento anti-drones, unidades especiales y la presencia de fuerzas federales y municipales en zonas consideradas de riesgo.
Sin embargo,
colectivos y organizaciones civiles han expresado su desconfianza hacia la respuesta oficial, argumentando que los esfuerzos se centran más en mitigar la percepción de riesgo ante la comunidad internacional que en atender las causas estructurales de la violencia y la desaparición de personas, pero la pregunta persiste:
¿Qué tan seguro será realmente el entorno para visitantes nacionales y extranjeros, periodistas y equipos durante el Mundial 2026?
La difusión de estos hallazgos no ha pasado desapercibida en medios internacionales. Diversos portales de noticias en inglés y otros idiomas han resaltado que la proximidad de restos humanos al estadio que será sede de partidos mundialistas ha generado preocupación sobre la seguridad en México de cara al evento.
Estamos por cruzar -salvo que la realidad desmienta a quien esto escribe-, el dintel del circo esférico del terror.