…COMO LA PUERTA DE ALCALÁ


…COMO LA PUERTA DE ALCALÁ

Cultura

Octubre 02, 2019 21:47 hrs.
Cultura Internacional › México
Dante Salmerón S. › codice21.com.mx

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Allá a finales de los años 50’s en un México muy distinto a este México del 2019, en un país lleno de grandes carencias, pero nuevo y pujante, Acapulco surgía lentamente frente a los ojos del mundo. En este paradisiaco lugar se comenzaron a construir bellas y únicas edificaciones. Fue cuando los grandes potentados de México, voltearon los ojos hacia el que poco a poco se convertía en el más glamoroso e importante centro turístico de la época. Y contratando a los más famosos arquitectos del país, esos ricos personajes construyeron edificios modernos con un estilo innovador y con un toque vanguardista, que le fue dando fama al puerto y que lo hizo ser reconocido hasta el día de hoy, como ’El Paraíso de América’.
 
 La capilla de La Paz y su gigantesca cruz del fraccionamiento ’Las Brisas’, la iglesia de San Cristóbal, en la colonia Progreso, la Iglesia del Señor del Perdón, en La Garita, los hoteles El Hilton y el Ritz, así como el edificio de Sanborns, del Centro, el club de pesca y su puente peatonal allá por Caleta, entre otros más, hoy son muestras perennes de aquella época de glamour y del brillo Acapulqueño.

Pero de entre todos ellos, hay uno que llama la atención, por ser una obra muy ’sui generis’ y aquí es donde entra lo abstracto y complejo de nuestro tema:

En el cerro de ’La Mira’, un edificio de piedra en una de sus laderas, permanece erguido y vigilante, altivo y soberbio. Una edificación que contra todo pronóstico inicial y a casi 60 años después sigue retando al tiempo y a los meteoros climatológicos. Temblores y terremotos han perdido su fuerza devastadora al intentar derribarlo. Ese edificio que desde aquella época es conocido como  ’La torre del gringo loco’.
 
 Un inmueble donde el constructor estadounidense Hal Braxton Hayes, tenía la ambición de construir un club internacional para hombres de negocios que se elevara 21 pisos sobre un acantilado en el cerro de La Mira. Un proyecto que sonaba genial ya que contaría con tres albercas, una de ellas voladiza que se extendería 15 metros hacia afuera sobre el Océano Pacífico y desde la cual se aventarían los clavadistas con paracaídas para al final liberarse en caída libre hacia La Quebrada; 145 habitaciones, 15 cocinas, 42 salas… todo el lujo imaginable incluso para esa época.

Una construcción única, en la que diferente a la forma de construcción de la época, las varillas no recibían ningún tratamiento previo, simplemente se arrojaban en rollos, como llegaban porque en ella se trabajaba las 24 horas en tres turnos muy bien divididos y supervisados pero eso sí, también, muy bien pagados.

A la empresa del hombre que había conseguido varios récords en la guerra de Corea: Construyendo aeródromos en 15 días y bases navales completas en muy poco tiempo, de quien desde joven mostró señales de una gran capacidad creativa desarrollando cientos de inventos que han quedado registrados en los archivos de patentes, entre los que destaca la grúa tipo ’pluma’ que aún hoy se utiliza alrededor del mundo para levantar edificaciones mayores a ocho pisos, le tomó escasas dos semanas construir los primeros cimientos y los primeros 6 pisos de la Torre de La Mira.

Él mismo, seguía los avances de la obra desde el interior de su Cadillac ’El dorado’, con ’clima artificial’. Los obreros de la construcción nunca habían ganado mejores salarios y tampoco habían sido mejor tratados. Se les pagaban de a dos veces en adelante el salario mínimo de 15.50 pesos diarios, por jornada de 8 horas y también se les pagaban las horas extras. Y algo nunca visto por estos lugares: a todos los obreros se les obligaba usar para su propia seguridad, botas, guantes y cascos. Y los procuraba tanto, que alertado de que el agua de Acapulco no era completamente potable, ’el gringo’ procuró dotar de agua purificada a sus trabajadores y de cocas, eso sí, muchas cocas siempre bien frías.

Aquella fue una experiencia irrepetible en el puerto. Desde entonces y por lo mismo a Mr. Hayes ya no lo bajaron de ’gringo loco’ nada más por ser justo con la gente que trabajaba para él. (’¡loco y pendejo!’, dirían los empresarios de aquella época).

¿Qué era eso de que les estaba mal acostumbrando a la gente a cobrar bien?-
El Ayuntamiento de Acapulco, ante la presión mandó a hacerle un estudio minucioso sobre la seguridad, con el jefe de Obras Públicas, ya que no eran pocas las voces de ’gente respetable’, que hablaban de que aquel ’esperpento’ se caería con el más mínimo temblorcito, con resultados catastróficos para la gente que vivía abajo y en las faldas del cerro. Y es que ese inmueble estaba construido ’al garete’ y violando las más elementales normas de la construcción.

El estudio se le ordenó a una empresa de la Ciudad de México y al poco tiempo estuvo listo el dictamen de la obra: ’El edificio en cuestión, no resistiría un movimiento telúrico ni de seis grados’. Sentenciaron en forma inapelable los ’expertos estructuralistas y sabios en mecánica de suelos’. Esa fue la razón, por la que fue clausurada la torre.
Sin embargo La Torre de míster Hayes sigue en pie luego de más de medio siglo de aquella sentencia inapelable de que se caería con el menor temblorcito.

Hasta hoy ya los ha soportado de:
7.2 grados (julio de 1964),
7.3 grados (28 de agosto de 1973),
7 grados (14 de marzo de 1979),
7 grados (24 de octubre de 1980),
8.1 grados (19 de septiembre de 1985),
7.5 grados (9 de octubre de 1985),
7.9 grados (19 de septiembre 2017)
Hoy en día La Torre de míster Hayes, sigue erguida y altiva como un vigía, que desde lo alto del cerro de La Mira, se mantiene desafiante, viendo pasar el tiempo… ¡Como la puerta de Alcalá!


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