El último trago y nos vamos

Crónicas de la pandemia

Marisol Bazán Fernández

Crónicas de la pandemia

Desastres

Junio 10, 2020 21:17 hrs.
Desastres Internacional › México
Marisol Bazán Fernández › codice21.com.mx

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Era un domingo como todos en el pueblo, ella se sentía ligeramente desmejorada, una gripe como tantas por las que había pasado en su larga vida.

No se preocupó, ella era un roble, una amazona indígena que había parido a más de 11 hijos, alta, erguida, tez morena y cabello cano hasta la cintura, a la que ni la viudez ni la diabetes habían logrado vencer.

Hoy era un día un especial, era su cumpleaños, sus hijas ya estaban preparando el mole rojo, ya que ese día habría una fiesta en su honor. La gripe no iba a ser un impedimento, ya estaba hecha la invitación a todos los amigos, vecinos y familiares.

Así que como siempre, se levantó temprano y fue al molino, hoy haría el triple de tortillas que un día normal, hoy, el gran comal de su pequeña cocina trabajaría a marchas forzadas.

La celebración fue agradable como todos los años, mezcal, risas, los cadetes de linares amenizando la fiesta…pero este año, la fiesta terminó un poco antes, ella se sentía cansada. Este año fue inusual, sobró comida, varios vecinos no asistieron, pero por suerte, toda la familia estuvo ahí, los sobrinos, los nietos, los hijos, eso era lo importante.

No supimos más del asunto, hasta que el domingo entrante, muy por la mañana, cuando el amanecer apenas pardeaba, cuando la gente parece solo sombras que caminan, apreció en su puerta una ambulancia, ella no podía respirar… como a las 3 de la tarde, ella volvió en la misma ambulancia en la que se fue, solo que esta vez, venía solo a despedirse, a dar el adiós definitivo, esta vez, parecía que esa extraña enfermedad de la que todos hablaban y en la que ella no creía, le había ganado la batalla.

Fue la primera de la cuadra, solo sus hijos la acompañaron, los asistentes a la fiesta de cumpleaños se encontraban ansiosos y llenos de miedo, tal parecía que el coronavirus no era mentira después de todo, tal parecía, que en esta ocasión, todo lo que se decía era verdad.

Pero ¿Cómo saberlo? Quizá fue el dengue o la diabetes que llevaba años mermando su salud. Nadie preguntó nada, nadie aclaró nada. Han pasado nueve días de que se fue y 17 días desde la fiesta, antier por la noche, otra ambulancia llegó a esta cuadra.

Que Dios nos agarre confesados.
#QuédateenCasa #NoEsBroma


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