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¿Deben los mercados emergentes fabricar productos farmacéuticos frente a la pandemia?


¿Deben los mercados emergentes fabricar productos farmacéuticos frente a la pandemia?

Política

Marzo 26, 2021 12:01 hrs.
Política Nacional › México Guerrero
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Las empresas de ciencias biológicas han trabajado a una velocidad vertiginosa alrededor del mundo con el fin de desarrollar y fabricar tratamientos seguros y eficaces para responder a la pandemia de Covid-19. La carrera por producir vacunas y tratamientos, así como los desafíos de llevar estos productos a los países más pobres, subrayan la creciente importancia que tienen los fabricantes farmacéuticos locales en estos mercados emergentes.

Si bien la mayoría de las vacunas contra el Covid-19 han sido desarrolladas por grandes empresas farmacéuticas en economías desarrolladas, muchas de ellas buscan asociarse con fabricantes de mercados emergentes para aumentar rápidamente la producción. Frente al tiempo que lleva construir nuevas instalaciones, resulta más económico y rápido asociarse con fabricantes locales ya existentes para manufacturar productos específicos. Las multinacionales comienzan a tomarlo en cuenta para sus operaciones. Por ejemplo, las empresas globales AstraZeneca y Johnson & Johnson se asociaron con fabricantes de vacunas en India como una manera de impulsar la producción local y utilizar las redes de estas empresas para llegar a más países.

No solo la producción de vacunas y medicamentos para combatir el Covid-19 se beneficia de un enfoque más regionalizado. En India y China han emergido empresas farmacéuticas locales fuertes. Estas compañías obtuvieron su primer impulso de la prevalencia de enfermedades infecciosas que necesitaban tratamientos inmediatos, así como sistemas de salud pública que las gestionaran mejor. La Corporación Financiera Internacional (IFC, por sus siglas en inglés), entidad del Grupo Banco Mundial que invierte en los sectores privados de los mercados emergentes, ha proporcionado financiamiento a varios fabricantes de productos farmacéuticos de dichos mercados con el objetivo de impulsar el acceso de los países en desarrollo a medicamentos a precios accesibles.

La creación de una infraestructura de producción nacional puede resultar muy ventajosa. Las empresas locales pueden responder rápidamente a la demanda con un precio más bajo, lo que les podría dar una ventaja competitiva sobre los fabricantes tradicionales, quienes por lo general necesitan vender sus productos a un precio más alto. Por ejemplo, una empresa farmacéutica en un mercado emergente podría vender una dosis de la vacuna contra el Covid-19 a cinco dólares, mientras que un competidor de una economía avanzada vende el mismo producto o uno similar a un precio 100 dólares.

Pese a la considerable diferencia de precio, la empresa de un mercado emergente puede generar los mismos ingresos si aprovecha sus mercados más grandes: una empresa de un mercado emergente que vende 500 millones de dosis a 5 dólares la unidad en India obtendrá 2,500 millones de dólares netos, o lo mismo que una empresa europea que vende 25 millones de dosis a un precio de 100 dólares. Los beneficios de poder atender fácilmente a una gran población, incluso a un menor costo por dosis, hacen que las industrias farmacéuticas nacionales sean un buen modelo para algunos mercados emergentes.

Dado que países como India y China tienen una población de 1,300 millones de personas cada uno, solo la demanda de los mercados nacionales es suficiente para que sea financieramente viable la construcción de la gran cantidad de infraestructura que necesita esta industria. Una vez creada esta infraestructura, las empresas locales cuentan con la capacidad de aumentar la producción con mucha rapidez cuando sea necesario, algo excepcionalmente valioso durante una pandemia, para luego dar el siguiente paso y convertirse en actores regionales o mundiales.

La fabricación local de productos farmacéuticos también está creciendo en otros mercados emergentes, alentada a menudo por los Gobiernos que consideran cada vez un tema de seguridad nacional el hecho de obtener rápidamente suministros médicos. Brasil y Colombia son ejemplos de ello en América Latina. En África, donde la mayoría de los países (aparte de Sudáfrica) dependen en gran medida de la importación de medicamentos, la situación se reconfigura y naciones como Kenya y Nigeria comienzan a ver una importante producción local.

El mayor desafío que enfrentan los fabricantes farmacéuticos locales -y aquellos que están pensando en incursionar en este sector- es lograr economías de escala. ¿Tiene sentido que un país más pequeño y pobre realice las grandes inversiones que se necesitan para promover la producción nacional cuando se dispone de importaciones seguras y eficaces a bajo costo? Una respuesta acertada requiere un análisis previo.

Los inversores y gobiernos que apoyan el desarrollo de las capacidades de fabricación local deben considerar la gama de medicamentos que se necesitarán en el corto plazo y posteriormente. Quizás no tenga sentido que una empresa intente fabricar todos los medicamentos necesarios. En vez de lo anterior, puede haber una canasta de productos de nicho que se pueden fabricar selectivamente para atender la demanda local en el marco de las necesidades farmacéuticas de la región.

Este debate ya había iniciado, pero la pandemia ha agudizado los problemas. Cuando el mundo tiene prisa por producir miles de millones de dosis de las vacunas contra el Covid-19, el papel de los fabricantes de productos farmacéuticos de los mercados emergentes es más importante que nunca.


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