Derrotaría Trump a Biden, al Establishment, a Medios y hasta a opinadores de banqueta


Como en 2016, los medios actuaron como orquesta para difundir que Trump perdería las elecciones; cuatro años después se volvieron a equivocar y verán sus intereses afectados

| Emmanuel Ameth | Desde Emmanuel Ameth Noticias
Derrotaría Trump a Biden, al Establishment, a Medios y hasta a opinadores de banqueta

Política

Noviembre 04, 2020 04:34 hrs.
Política Internacional › México
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Aunque los medios alrededor del mundo se han cansado de decir que el candidato demócrata Joe Biden aún mantiene amplias posibilidades de ganar la contienda por la presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica, lo cierto es que prácticamente se encuentra decidida desde la noche del día 3 de noviembre y sólo falta conocer el margen obtenido por Donald Trump, que va de los 270 mínimos necesarios para ganar, hasta los 290 votos electorales que seguramente conseguirá.

Hasta la madrugada de este 4 de noviembre, los votos electorales de Biden alcanzaban los 238, en tanto los de Trump sumaron 213. Sin embargo, las victorias republicanas en Florida y Texas prácticamente le dieron la victoria a Trump, toda vez que en los distintos escenarios, los demócratas necesitaban de ambos estados para arrebatarle la elección.

Pese a que con los resultados parciales es altamente improbable que Biden pueda remontar, han sostenido una ’operación’ de desinformación incluso sabiéndose perdidos.

Seamos precisos y descifremos el escenario:


De los 538 votos totales que brinda el sistema electoral estadunidense, ya se han repartido 451. Aún le restan 5 estados que le darán puntos a Trump sin embargo, mientras que a Biden le restan 1 (además de 2 zonas extraterritoriales).

En Carolina del Norte, Georgia y Wisconsin, se lleva un 94% de cómputo. La ventaja del republicano va de los 1.4 a los 2.7 puntos con 6 por computar. Los puntos que requiere van de los 2.25 a los 1.65 para lo que resta del conteo, es decir, que para “perder” en los referidos requeriría que el resto de votos muestren un comportamiento de 3 a 1 o incluso de 4 a 1 en su perjuicio, lo que sería estadísticamente anormal dada la forma en la que han evolucionado los sufragios. Allí tiene 41 votos más para llegar a 254.

En Michigan aún falta el 20% por capturar, pero allí su ventaja es de 5.2 puntos. Dado que le entregaría 16, prácticamente con la confirmación de dichas tendencias, Trump ya alcanzaría los 270 votos electorales necesarios para ganar la elección.

Los medios estadunidenses -y algunos otros del resto del mundo- tienen esperanzas en el factor Pensilvania para generar polémica. Ciertamente entrega 20 votos electorales y su conteo va apenas al 64%, donde también es cierto que los votos por correo favorecerían al candidato demócrata. Dolosamente sin embargo, no hacen énfasis en que la ventaja de Trump es de 12.6 puntos porcentuales y que faltando 36 por computar, a Trump le bastaría poco menos de una tercera parte de esos votos para levantarse incluso con 290 votos electorales, es decir, que la suerte ya está echada y la victoria republicana es inminente, salvo que suceda una verdadera tragedia (algún fraude electoral en Pensilvania que se sume a un también improbable cambio de tendencia en alguno de los otros 4 estados que prácticamente tiene en la bolsa).

¿Por qué la animadversión hacia Trump?

Donald Trump es un bocafloja -o maestro del alardeo, como le gusta denominarse-. Incluso, su discurso también puede catalogarse de racista. Tampoco lleva una buena relación con la prensa. Sin embargo, su principal problema es haberse opuesto al establishment estadunidense y a sus intereses, por ello es que desde la prensa se le quiere juzgar “diferente” que a sus antecesores en una estrategia por desprestigiarlo.

Obama y Trump se han dicho populistas, por ejemplo. Al primero sin embargo, le han querido conferir el calificativo de estadista y en el caso del actual mandatario, simplemente le han dicho pendenciero. Pero Trump tiene el apoyo de las masas. Mientras Biden apenas si pudo congregar unas 300 personas -máximo- en alguno de sus eventos (llenos de automóviles para simular la poca convocatoria), Trump ha superado los 120 mil.

Al menos 7 invasiones a países pesan sobre Obama, pero le dieron el Nobel de la Paz (un reconocimiento por demás desprestigiado en el mundo). Trump por su parte, ostenta el récord de ser el primer mandatario en 4 décadas que no ha iniciado un conflicto bélico. Pero para él no hay ningún mérito. Incluso desarmó a Corea del Norte con su mera visita y les obligó a detonar bases nucleares sin hacer uso de su fuerza castrense.

Y es que si lo conseguido con Kim-Jong-un no ha sido suficiente para preferir su recalcitrante alardeo sobre el doble discurso de sus antecesores, otro caso es el de el trato a los migrantes. En discurso, siempre se manifestó en conta de ellos e incluso les insultó. Sin embargo redujo a la mitad las deportaciones en comparación con Obama o con el mismo Clinton. Una de sus principales insignias, la construcción de un muro con México, apenas si consiguió 400 millas y fue más bien para sustituir el ya existente. Amenaza, alardea, pero para los países latinoamericanos, puede ser el mejor presidente que haya tenido USA mientras que del resto se habla de discursos de hermandad pero donde siempre hubo un acos real e injerencia de sus gobiernos. Sólo en el caso de México, debe recordarse que la Reforma Energética fue redactada por Hillary Clinton y llevó la autorización de Obama para proteger sus intereses.

En materia de finanzas tampoco ha sido malo su actuar respecto su antecesor. Obama recibió cerca de 10 mil billones (mil millones en USA) de dólares; antes de irse, la elevó a casi 20 mil billones, elevándola un 100%. En sus primeros 4 años, Trump la elevó en 10% (22 mil billones). A diferencia de Obama, Trump no presentó insuficiencia financiera para aprobar un presupuesto pese a prácticamente no recurrir a la deuda. Decir que Trump también hizo un esfuerzo por transparentar el gasto castrense que se mantenía en secrecía por considerarlo ridículamente alto, pero a cambio, la prensa publicó que hacía incrementos históricos, sin contar todo lo que antes pasaba por debajo del agua.

Y fue por esto último que Trump representó un peligro para el establishment, pues la industria de la guerra y la repartición de territorios ha sido un modus vivendi para los más poderosos en la unión americana. Por eso le atacan con la prensa. Por eso limitan incluso sus redes sociales.

Hace 4 años, la mayor parte de los medios estadunidenses daban a Hillary Clinton por ganadora según un 80% de probabilidades. El día de ayer, le daban 85% a Biden. Sus encuestas fallaron entonces y fallaron hoy, pero aún así hubo “especialistas” -y opinadores de banqueta- que siguieron “creyéndoles” sin tener en cuenta el antecedente más inmediato ni la lucha de intereses que hay en juego.

Y no es que Trump sea “un santo”, pero ha sido mucho más transparente que sus antecesores y aún si alguien lo catalogara de pésimo gobernante -donde pueden no mentir-, lo cierto es que ha sido mejor que quienes le antecedieron en décadas. Trump es atacado por la ultraderecha estadunidense (la que quiere proteger a genocidas como Obama) e incluso por la ultraderecha mexicana, lo que debería ser una brújula para tener una impresión de él.

Mientras la manipulación mediática sin embargo, el presidente más conveniente para los estadunidenses en este momento así como para diversos países latinoamericanos, seguirá siendo descrito como un diablo.

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