De nada
Emmanuel Ameth
La más reciente medición de la Pobreza Multidimensional en el país reveló que el expresidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) no sólo fue el mandatario mexicano que más redujo el número de pobres, sino que sus resultados superaron a la suma de sus cinco antecesores, desde Carlos Salinas de Gortari hasta Enrique Peña Nieto.
Ante ello, las voces prianistas no sólo han destilado bilis por los poros al tumbarse completamente su narrativa de que ’AMLO era un peligro para México’, sino que en su frustración, acompañada de su característica ignorancia, han asegurado que las cifras han sido maquilladas por la desaparición del Coneval.
𝐃𝐄𝐒𝐌𝐈𝐍𝐓𝐈𝐄𝐍𝐃𝐎 𝐋𝐎𝐒 𝐀𝐑𝐆𝐔𝐌𝐄𝐍𝐓𝐎𝐒 𝐏𝐑𝐈𝐀𝐍𝐈𝐒𝐓𝐀𝐒
¿𝐒𝐞 𝐦𝐚𝐪𝐮𝐢𝐥𝐥𝐚𝐫𝐨𝐧 𝐥𝐚𝐬 𝐜𝐢𝐟𝐫𝐚𝐬?
En un texto dirigido a la senadora Simey Olvera, la también senadora, aunque plurinominal ella, Carolina Viggiano, dirigió un texto a la señalada donde se ejemplifica perfectamente las limitaciones intelectuales al argumentar según las propias creencias y no los datos duros.
Las mediciones de Pobreza se han basado en estudios sobe el Ingreso y Gasto en los Hogares., los cuales datan desde 1956 en el país.
Inegi realizó la primera de estas encuestas en 1984 y desde entonces, ha sido el encargado de la ENIGH.
En 2002 se añade la metodología del Grupo de Canberra, misma que es la que se mantiene en la actualidad, si bien construyeron nuevas variables en 2008.
Entre 1992 y 2004, fue la Sedesol quien se encargó de la interpretación de la ENIGH para elaborar las estimaciones de los indicadores de Pobreza.
Entre 2006 y 2025 (dos décadas), quien interpretó las cifras del ENIGH de Inegi fue Coneval.
Para este 2025, es Inegi quien interpreta los datos para revelar los indicadores de Pobreza Multidimensional, acotando que: ’Como ha ocurrido desde el inicio de la medición de la pobreza multidimensional en México, la fuente de datos que se utilizó fue la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) del mismo año’.
Resumiendo, Inegi lleva al menos 40 años midiendo el ENIGH, a partir del cual se calcula la Pobreza, cuando Coneval tan sólo tuvo la responsabilidad de interpretar lo que medía el Inegi durante la mitad de dicho tiempo, aunado a que la metodología no cambió en anda respecto al última medición. Sugerir pues, que las cifras ’se maquillan’, es un mero acto desesperado que exhibe la ignorancia de quienes así lo afirman.
Pero hay otras afirmaciones en los que los prianistas se exhiben como ignorantes del tema.
¿𝐄𝐬𝐭𝐚́ 𝐦𝐚𝐥 𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐞 𝐞𝐥𝐞𝐯𝐚𝐫𝐚 𝐥𝐚 𝐩𝐫𝐨𝐩𝐨𝐫𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐝𝐞 𝐩𝐨𝐛𝐥𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐯𝐮𝐥𝐧𝐞𝐫𝐚𝐛𝐥𝐞?
Si dividimos a la población en tres grandes grupos según sus carencias, tenemos tres escalones. El más bajo está conformado por los pobres (a su vez integrado por extremos y moderados), el segundo por vulnerables, y finalmente el tercero es de no pobres y no vulnerables.
Si los vulnerables suben a costa de los no pobres y los no vulnerables, es un retroceso.
Justamente lo que sucedió fue al revés. Crecieron los no pobres y los no vulnerables -quienes por primera vez en la historia del país, son el grupo mayoritario-, además de crecer los vulnerables, ambos, a expensas de la proporción de pobres.
En otras palabras, que se redujera n lo pobres para subir al escalón de los vulnerables, y que de estos a su vez subieran otro escalón para incrementar a los no pobres y no vulnerables, es un avance y uno como no se había dado nunca en otro sexenio además.
Y el indicador seguirá mejorando por una sencilla razón que a continuación explicamos para los ignorantes prianistas.

Al medirse la pobreza de manera multidimensional, no sólo son tomados en cuenta los ingresos como referente, sino también las carencias sociales, a saber el Rezago educativo, el Acceso a los servicios de salud, el Acceso a la seguridad social, Calidad y espacios de vivienda, Acceso a los servicios básicos en la vivienda, y el Acceso a la alimentación nutritiva de calidad.
De los seis mencionados, cinco mostraron avances y sólo uno mostró un retroceso, que es el de Acceso a los servicios de salud.
La cosa está en que justamente ese indicador, ha sido malinterpretado por la población encuestada, debate que ya se dio incluso hace dos años cuando se analizó la anterior medición.
Y es que el indicador, autorreportado, pregunta directamente a las familias si cuentan con acceso a los servicios de Salud, a lo que son más los que responden con un “no” que los que lo hacían antes. El problema está en que sí tienen acceso, incluso uno que no es restringido a una partida presupuestal administrada por las entidades federativas como sucedía antes.
Antes, una persona no derechohabiente a los sistemas de Salud asistía a un Centro de Salud u hospital y era credencializada. Ello le daba la sensación de que tenía derecho a los servicios de salud, aunque en la práctica encontraba limitantes, especialmente porque el presupuesto de atención ya estaba determinado. Ahora, un no derechohabiente tiene derecho a los servicios de salud aún sin credencializar, aunado a que la restricción presupuestal, en caso de existir, es del orden federal. En otras palabras, todos los mexicanos no derechohabientes tienen derecho a servicios de salud gratuitos -al menos de primer nivel-, sólo que la gran mayoría de ellos cree que por no contar con una credencial, no pueden ejercer su derecho: es por ello que aunque la cobertura ya es total, autorreportan una inferior.
Si un defecto ha tenido el nuevo Sistema de Salud es que la falta de campañas informativas ha propiciado que aún y con una mayor cobertura, la población desconozca que tiene acceso a sus servicios.
Por cierto, ya para rematar, el 73% de la población que abandonó las filas de la Pobreza, no lo hizo por las transferencias (los programas sociales), lo cual además, sería otro acierto en la política pública... fue el aumento real de los ingresos (entiéndase esto como incrementos muy por encima de la inflación) lo que les llevó a subir ese escalón. De nada