Perfil de México
Armando Ríos Ruiz
Llama mucho la atención que un tipejo del tamañito de Marx Arriaga haya demostrado estar plenamente convencido que sus servicios son indispensables para la 4T.
Que sus ideas son más brillantes que el mismo Sol. Que su inteligencia competiría sobradamente con la de Einstein. Que su personalidad es más arrolladora que la de cualquier galán de cine.
Como que se acostumbró a vivir en su propia burbuja de cristal, en donde podía solazarse con la creencia de que es un ser superior. Uno de los funcionarios más poderosos de Morena, por el hecho de que la señora Beatriz Gutiérrez Müller, esposa o ex esposa del ex Presidente, lo haya recomendado con éste para ocupar algún cargo, debido a que la aprobó en un examen.
Por haber sido recomendado antes por la hoy gobernadora del estado de México, Delfina Gómez, quien lo conoció cuando fue presidenta municipal de la tierra de ambos, Texcoco. Seguramente sus credenciales de maestro con estudios superiores la apantallaron. No sé hasta qué grado estudió doña Delfi.
Pero es fácil colegir que apenas terminó la primaria, porque denuncia su terrible falta de educación y de conocimientos cada vez que habla.
Cuando fue nombrado director general de Materiales Educativos de la Secretaría de Educación Pública, con la responsabilidad de la elaboración de los libros de texto gratuitos, tuvo oportunidad muy a sus anchas de dar rienda suelta a su imaginación trastocada para crear una obra espectacularmente dañina. Carente de lo más elemental para la educación infantil. Con ideas elaboradas en su propio cerebro, más tendientes a causar el mayor daño que de educar.
Hoy, lo más triste del asunto no es su salida de la Secretaría o el que lo hayan despojado del cargo en el que hubiera hecho más daño.
Sino la postura adoptada por la Presidenta de México, que ha tenido oportunidad de exhibir su diminuto tamaño frente al mequetrefe que, según dicen, hasta le espetó que sólo obedecería a doña Beatriz. Ocurre que esta señora ya no tiene el poder que tenía y ni siquiera se sabe si continúa haciendo el papel de esposa o no
La mandataria dijo en su mañanera del lunes, que hubo desencuentros, como cuando le solicitó abordar el tema de las mujeres en la historia, además de otros. Pero el señor no estaba de acuerdo. Además, casi eliminó las matemáticas y omitió otras ciencias que, como consecuencia, acarrearían un perjuicio enorme en los educandos. Esto se ha dicho hasta el cansancio, inclusive desde puntos de vista científicos, por verdaderos conocedores del tema.
Se le ofreció la oportunidad de largarse como cónsul o embajador y el merecidísimo fulano rechazó la oferta. Es decir, la Presidenta se rebajó a verle la cara y seguramente tuvo que tragarse su coraje por la desobediencia.
Su investidura de Presidente de un país no fue suficiente para imponerla y para soltar una orden tajante de ¡aceptas o te largas! ¡Punto! Es más, aún reconoció su trabajo hecho con las patas. Este trato bastó para que el individuo pensara que en la 4T no había otro como él. Pues se equivoca. Abundan los funcionarios perniciosos que igualmente no sirven para nada. Sólo un vistazo: ¿para qué sirve, por ejemplo, la presidenta nacional de Derechos Humanos?
El tipo creyó que le habían entregado un puesto como propiedad suya, del que no podría ser despojado por nada ni por nadie. Se atrincheró en él y salió a decir a los policías que fueron llamados para coadyuvar en su despido, que lo esposaran y que era el que hacía los libros de texto y otras balandronadas. Creyó además que sólo tuvo un momento de inicio de trabajos, pero no habría final y, en todo caso, podría llevarse la oficina completa consigo.
Finalmente, no tuvo más que aceptar su despido y con ello, dejar de hacer más daño dentro de un puesto clave, que debe ser ocupado por un verdadero conocedor de todos los aspectos de la educación, principalmente la infantil, por tratarse del sector de la población más vulnerable. Dicen que la sustituta, Nadia López García, tiene un perfil enfocado en la pedagogía y en la cultura. Por el bien de la educación mexicana, que así sea.
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