El Ágora
Octavio Campos Ortiz
En tres meses, México vivirá una borrachera futbolera por más 30 días y podrá ver 104 partidos desde la comodidad del hogar, la oficina o la cantina.
Pero nadie puede vaticinar qué cruda nos espera.
Al gobierno le urge que transcurran rápidamente estos noventa días para que la opinión pública entre en modo futbol y se olvide de los grandes problemas nacionales.
Nadie cuestionará los yerros de la administración pública, no se reparará en la cotidiana corrupción oficial, los malos servicios públicos, los despidos, el cierre de empresas; supondrán que habrá seguridad y medicinas en los hospitales. A quién le importará la inflación o la falta de dinero para comprar la canasta básica; se olvidarán del narcotráfico y no sabrán quiénes son los nuevos capos del crimen organizado.
Pero este tipo de eventos deportivos no están exentos de producir fenómenos sociales que afectan a posteriori la historia de cualquier país.
Por ello, hoy la autoridad debiera tener una estrategia operativa que no solo garantice la seguridad pública y que los encuentros se desarrollen con tranquilidad, contar con servicios de inteligencia que le permitan prevenir cualquier contingencia que altere la paz o la seguridad nacional, además de velar por la inmunidad de jugadores, directivos, público, turistas y prestadores de servicios.
En México no es nuevo el riesgo de ver amenazadas las justas deportivas.
En 1968, la primavera parisina afectó al mundo y a nuestro país. El movimiento estudiantil, que empezó con un pleito callejero entre bachilleres, pudo provocar un golpe de Estado y la cancelación de los juegos olímpicos a diez días de encenderse el pebetero en el estadio de Ciudad Universitaria.
Con la represión gubernamental, la nación se convulsionó, pero el Estado escuchó a los jóvenes para encausar el descontento social.
En ese momento, la autoridad, apanicada por el comunismo, lo que menos deseaba era una rebelión socialista que derrocara al gobierno. La historia demostró que no había tal insurrección marxista, pero las protestas estudiantiles lideraron las tensiones sociales.
Toda proporción guardada, la administración de la 4T enfrenta hoy una situación similar y no porque en el mundo despierte la generación Z y abdiquen gobiernos o que el internet haya visibilizado a los jóvenes en la primavera árabe. No, los adolescentes mexicanos lograrán el cambio, no en las calles, sino con novedosas formas de manifestarse.
El riesgo de la inestabilidad que haga peligrar la Copa del Mundo es la violencia e ingobernabilidad que provocan los barones de la droga. El Mundial no solo es deporte, es también una maquinaria de hacer negocios que requiere de certeza jurídica y seguridad para los socios, más que a los jugadores. El presidente Gustavo Díaz Ordaz sopesó la posibilidad de cancelar la Olimpiada, pero optó por la represión, lo que dio estabilidad al país para la supervivencia del sistema político.
¿Qué tanto puede controlar el gobierno al crimen organizado a tres meses del mayor espectáculo deportivo creado por Jules Rimet? Por el bien del país, más vale que así lo tengan contemplado. Hay preocupación por el clima de violencia que se vive. Las cancelaciones hoteleras -el eufemismo oficial dice que son liberaciones-, deben llamar a la preocupación.
Por otra parte, el futbol da tranquilidad a los gobiernos y hasta lo usan políticamente.
La guerra del futbol entre Honduras y El Salvador fue un gran pretexto para ocultar problemas agrarios y migratorios; las dictaduras militares sudamericanas no solo usaron los estadios para detenciones masivas o masacre de ciudadanos, también utilizaron el deporte de las patadas para promoverse como hinchas y legitimarse.
Las mafias son capaces de cometer atrocidades en aras de la pasión y los dólares, como el asesinato del seleccionado Andrés Escobar -anotador de fatídico autogol-, a manos de un ’aficionado’, ordenado por el cártel de Medellín, luego de las pérdidas millonarias por la eliminación de Colombia en el Mundial de 1994.
Esperemos que el gobierno pueda contener la violencia que provoca el crimen organizado y que el Mundial sea ese distractor que contenga el humor social, sobre todo porque el mexicano está ávido de momentos alegres, aunque no pasemos al quinto juego.
Apostilla: Organizaciones de migrantes mexicanos en Estados Unidos advirtieron que la iniciativa de reforma electoral presentada ante el Congreso de la Unión no establece mecanismos claros que garanticen la representación política de los paisanos residentes en el exterior, pese a que públicamente se habló de la posibilidad de asignar hasta ocho curules para la diáspora, pero ahora eso ya está en duda; hay incertidumbre.
La Comisión de Asuntos Políticos del Consejo Binacional de Fuerza Migrante señaló que el documento presentado a los legisladores no contempla una circunscripción migrante ni fija un número determinado de escaños para representantes de la comunidad mexicana en el extranjero.
Veremos qué pasa. Por lo pronto fijaron postura: la figura de diputados migrantes es resultado de muchos años de lucha, no una concesión.