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Injusticia: doble rasero para el manejo y trato de las muertes de Beatriz y Leobardo

Emmanuel Ameth

Injusticia: doble rasero para el manejo y trato de las muertes de Beatriz y Leobardo

Seguridad

Junio 18, 2021 04:05 hrs.
Seguridad Nacional › México Hidalgo
Emmanuel Ameth › Emmanuel Ameth Noticias

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Tras provocar un accidente automovilístico y ser enviada a los separos de Progreso de Obregón, una médico de nombre Beatriz se suicidó; al menos 7 policías son investigados por homicidio culposo pese a la evidencia. Días antes un habitante indígena de Xuchitlán, San Salvador, de nombre Leobardo, fue asesinado tras haber recibido el impacto de una bomba de humo en el rostro e incluso fue pateado mientras yacía en el suelo bajo un charco de su propia sangre; allí, solamente hay un indiciado. Así es el doble rasero con el que se juzgan los crímenes en Hidalgo, una injusticia a todas luces.

A nadie debiera de espantar que detrás de tragedias, los partidos políticos quieran sacar raja para sus propios fines, hecho que además, no es completamente carroñero, pues si su ’apoyo’ se da sobre una causa justa, pueden darle mayor eco a una voz que clame justicia.

El problema viene cuando precisamente su agenda política se impone a las mismas causas que abanderan -y a sus víctimas- y como todo cuento que comienza mal, termina por ser un acto de injusticia. Muestra de ellos son dos de los tres casos más impactantes que ha vivido la entidad en el último mes -porque la ejecución del alcalde de Zapotlán de Juárez merece un análisis distinto-.


El caso Beatriz

Aparentemente intoxicada -según testigos y la misma certificación de un médico legista-, Beatriz “N” estuvo involucrada en un accidente vial en el que se vieron involucrados 4 vehículos. Familiares argumentaron que bajó a auxiliar a los afectados en tanto primeras versiones aluden que hubo una riña con otra persona del sexo femenino; ambos trascendidos pudieron ser ciertos.

Un video que circuló en redes sociales evidencia que producto del accidente, se apersonaron elementos de la policía de Progreso de Obregón para detener a la infractora. Su estado no parecía conveniente ya sea por el estrés del suceso, secuelas del accidente automovilístico o bien, producto de lo que la parte médica reveló sobre el caso. Finalmente, tras una aparente resistencia, fue sometida y llevada a los separos del ayuntamiento.

Posteriormente tuvo contacto con su padre -así lo dijeron las autoridades y lo confirmaron sus familiares-. Minutos después, había perdido la vida estando bajo custodia policial.

La noticia se difundió como pólvora. Tras el dolor del lamentable hecho, los familiares circularon versiones sobre un supuesto abuso -del que nadie fue testigo-; si bien no había pruebas, con autoridades como las que contamos actualmente, los supuestos no eran del todo inverosímiles.

La comunidad del municipio se solidarizó y pidió justicia con manifestaciones. Un grupo de personas más lastimado por el hecho tuvo una expresión más radical y se atacaron las instalaciones del ayuntamiento para exigir justicia, prendiendo fuego al mobiliario y haciendo destrozos en el palacio municipal.

La comunicación del ayuntamiento abonó a la discordia por ser sumamente errática, al grado que el responsable de las publicaciones renunció por su propia cuenta no sin deslindarse de las tarjetas informativas emitidas.

En un operativo de gran escala para la región, fueron detenidos 7 elementos policíacos bajo el supuesto de feminicidio; incluso Derechos Humanos del estado intervino y solicitó se investigara un presunto homicidio doloso con las agravantes de género, un feminicidio.

Y los medios hicieron lo suyo al colocar en el imaginario colectivo un supuesto feminicidio sin considerar -o peor aún, sabiéndolo- que el asesinato de una fémina no lo convierte en feminicidio; debe ser un homicidio por razones de género y para determinarlo existen 7 causales que se explican a continuación en síntesis:

La presencia de signos de violencia, que a la víctima se hayan infligido lesiones o mutilaciones -para ambos casos, no acreditados por el médico legista-, antecedentes de cualquier tipo de violencia -amenazas previas-, que entre la víctima y el agresor existiera algún tipo de relación -no se conocían hasta antes del incidente-, que exista registro de amenazas, acoso o lesiones -no lo manifestó así con su familiar-, que la víctima haya sido privada de su libertad -incomunicada- y que su cuerpo fuera expuesto en un lugar público.

Dado que minutos antes del lamentable fallecimiento de la víctima el mismo padre tuvo acceso para poder dialogar con la misma, en realidad, nunca existió prueba o sospecha de que se tratara de un delito de género.

Tras la primera audiencia ante un juez, peritos en la materia presentaron pruebas en material visual que corroboraba la versión dada por las autoridades. Los mismos familiares aún en su tristeza, reconocieron el peso de alrededor de 70 fotografías y un par de videos que les fueron presentados.

Pero hay 7 elementos policíacos que se encuentran tras las rejas por el delito de presunto homicidio culposo por omisión pese a los datos que revelan un suicidio. Pagan como presuntos homicidas por un delito que a lo más, se trató de una negligencia que en todo caso, debió identificarse por parte de la parte legista que también debió identificar el estado de salud mental de la entonces infractora, sin que ello la haga directamente responsable.

El caso Leobardo

Campesinos provenientes del municipio de San Salvador se manifestaron en Palacio de Gobierno para reclamar una audiencia, pues llevan al menos 3 años con acuerdos firmados que a la fecha no se han cumplido.

Producto de la negativa a ser atendidos, los ánimos comenzaron a elevarse y hubo un enfrentamiento. Un manifestante de pantalón caqui y sudadera azul que portaba también una gorra blanca y pañoleta, arrojó una señalización a un elemento policíaco en la cabeza; el objeto contundente tenía como base una llanta rellena de concreto, por lo que el policía cayó.

Segundos después, al menos otros 4 manifestantes lanzaron vallas de contención hacia el mismo elemento. El mismo sujeto que derribó al policía regresó después para patearlo mientras yacía en el suelo. Afortunadamente, el oficial se levantó por su propio pie aunque tuvo que llegar uno de sus compañeros a disuadir a los agresores.

Del lado de los guardianes del orden sin embargo, también hubo abusos.

Tras recibir la orden de un superior y sin que se explicara a ciencia cierta el hecho de llevar equipo táctico más propio de un enfrentamiento que de disuadir una manifestación, un elemento disparó un proyectil -bomba de gas- prácticamente a quemarropa, pues lo hizo a menos de cinco metros del manifestante.

El impacto hizo que este desfalleciera.

Todavía le disparó otras tres veces más aunque estos no dieron en el blanco derivado de una persona que pedía un alto al fuego, misma que tenía un escudo táctico que había robado a la misma policía, amortiguando así estos últimos 3 proyectiles.

Leobardo yacía en el suelo con un ojo desorbitado y con exposición de masa encefálica. Rápidamente comenzó a encharcarse la sangre proveniente de la fractura craneal expuesta.

Con todo y ello, fueron lanzadas otras dos bombas desde otro ángulo, dirigidas donde el cuerpo permanecía inerte; posteriormente fue encapsulado, quedando allí durante varios minutos hasta que una ambulancia tuvo que trasladarlo hacia el Hospital General.

Cuando los manifestantes comenzaron a dispersarse, se observa al menos a dos elementos cometiendo otro abuso de fuerza.

Uno de ellos castiga con tolete a una persona que se encontraba en el suelo, incluso tomándolo al revés para usar el mango como un martillo, para luego buscar a otra víctima, en tanto otro policía aprovecha que hay una persona en el suelo para atacarla a patadas, tras lo que continuó con su ruta para agredir a otra persona golpeándola en la nuca.

Todavía hubo otro elemento policíaco que viendo a Leobardo inconsciente, en un charco de sangre y con masa encefálica en el suelo, se acercó a patearlo en la cabeza; al no notar movimiento alguno, optó por alejarse del lugar, a lo que otro de sus compañeros, notando que podría estar muerto, hace un llamado para acordonar con elementos la zona hasta que llegara la ambulancia.

La condición de salud de Leobardo fue ocultada por la autoridad: desde que ingresó, se sabía que era grave y con peligro de perder la vida; sin embargo, se informó que se encontraba estable. En este caso, DDHH de Hidalgo actuó por

Aunque la evidencia videográfica demostró que hubo por lo menos 2 elementos que agredieron a Leobardo y que la cadena de mando involucraría al menos a dos personas más -una de ellas apreciable en la toma-, solamente hay un presunto responsable del homicidio doloso.

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