LETRAS SUELTAS, ALMA FEROZ
Emireth Bollás Mendoza
La magia de la vida es que nunca sabes con quién te puedes encontrar, ni qué cualidades o sueños puede despertar ese encuentro.
Hay ejemplos que no necesitan discursos: se vuelven dirección, se vuelven impulso. Su liderazgo se sostiene en la manera de ser, de estar y de motivar a quienes les rodean. No necesitan gritar ni imponer; su fuerza está en la congruencia.
Liderar e inspirar no caminan por separado. Se encuentran en un mismo punto: en la posibilidad real de transformar la vida de quienes acompañan.
Porque liderar es marcar un rumbo claro que impulse mejores resultados. Es influir desde el ejemplo, pero también desde la palabra; y cuando esta es precisa, se vuelve responsable.
E inspirar nos habla de cualidades como la congruencia: la coherencia entre lo que se hace, se dice y se es.
De la responsabilidad, cuando la dirección aclara en lugar de confundir. Y de la empatía, cuando las decisiones se toman pensando en el bien colectivo, incluso cuando implican sostenerse en lo incómodo o en lo que no siempre se ve.
Liderar es hacerse cargo de lo que sucede y también de lo que no. Es permanecer con firmeza y constancia, aun cuando el camino exige más de lo evidente.
Hay liderazgos que entienden que la autoridad no se construye desde la distancia ni desde la imposición, sino desde el ejemplo, la coherencia y la capacidad de escuchar con respeto los procesos que se acompañan.
Y es ahí cuando el ejemplo arrastra. No por inercia, sino porque genera confianza, estructura y seguridad. Porque demuestra que se puede dirigir con claridad, sin renunciar al criterio ni al respeto.
En estos tiempos en los que se puede confundir controlar con liderar, la base está justamente en el respeto al criterio y al pensamiento, en la responsabilidad compartida, en la valoración personal y en la palabra precisa.
Inspirar tiene la magia de algo más: abrir la posibilidad para que las personas confíen en su propia voz. Es acompañar procesos sin imponer caminos, permitir el error como parte del aprendizaje y sostener la exigencia sin perder la humanidad.
Cuando el liderazgo se ejerce desde la inspiración, deja de ser una posición y se convierte en una responsabilidad compartida. Se transforma en legado: en criterios que permanecen, en decisiones que siguen guiando aun cuando la figura ya no está al frente y en ejemplos que continúan marcando rumbo sin necesidad de ser nombrados.