Violencia… ¿sin fin?

¡Jálalo que es pargo!

Jacko Badillo

¡Jálalo que es pargo!

Política

Octubre 12, 2018 10:01 hrs.
Política Nacional › México Guerrero
Jacko Badillo › codice21.com.mx

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Al día siguiente de que fuerzas federales y estatales realizaron un operativo en las instalaciones de la Secretaría de Seguridad Pública de Acapulco, que derivó en la detención de dos personas que operaban como jefes policiacos pero que al menos en los corrillos de la dependencia todo mundo sabía que eran de los meros ’picudos’, ocurrió un fenómeno que no pasó desapercibido.

En las redes sociales, sobre todo Facebook y grupos de Whatsapp, se hacía mención de que ni un homicidio se registró ni ese día ni al siguiente, y no pocos atribuyeron ese hecho a que los elementos de dicha dependencia, sobre todo los de la Policía Preventiva, fueron desarmados y acuartelados. Coincidencia o no, eso ya es parte del anecdotario como dijera en sus columnas mi buen amigo Ángel Aguirre Rivero.

Lamentablemente los asesinatos con exceso de violencia a plena luz del día y en lugares muy concurridos siguen ocurriendo de manera cotidiana en nuestro querido Acapulco, en esta espiral de inseguridad que parece no tener fin, con el agravante de que ahora ya no es una simple sospecha, pues se ha demostrado que la colusión de las autoridades policiacas del municipio con la delincuencia es una realidad.

A propósito de la desaparición de cierta cantidad de armas en el gobierno municipal saliente, y que toca al actual exigir que se aclare a cabalidad su destino, recuerdo lo que me comentó un conocido de mucha confianza y se los comparto:

Resulta que se encontraba en la estación del Acabús sobre avenida Cuauhtémoc, frente a la tienda Soriana, cuando se percató de que un vehículo policiaco del municipio estaba estacionado con las luces de la torreta encendidas, orillado justo en el acceso de esa negociación. En él solamente se encontraba a bordo el conductor.

A pocos minutos llegó un individuo manejando un auto compacto color gris y se le emparejó al vehículo oficial, del que a toda prisa bajó el conductor uniformado, empuñando una pistola escuadra, al parecer calibre 9 milímetros, y por la ventanilla la metió y puso en el asiento del copiloto del recién llegado auto, cuyo chofer, así como llegó, chirriando llantas, así se retiró perdiéndose entre el tráfico del mediodía, mientras el auto oficial enfilaba hacia la colonia Progreso, sede de la policía.

¿Qué nos hace pensar este tipo de actos? ¿Para qué un uniformado facilita un arma a un civil? ¿La colusión va más allá de la simple protección o hacerse de la vista gorda?

Aquí es donde toca a los ciudadanos armarnos de valor y no bajar la guardia. Si bien la policía municipal ha dejado de ser confiable, exijamos a los ámbitos federal y estatal aprovechar la transición de gobierno para no dejar el control de la seguridad nuevamente en sus manos, hasta en tanto no se haga una auténtica depuración de los elementos y un cambio total de mandos.

Entre tanto, como vecinos, como amigos, como familiares, cuidémonos, ayudémonos. Convirtámonos en nuestros propios vigilantes, denunciando cualquier anomalía e incluso sectorizando la ciudad para no dar margen de maniobra a la delincuencia. Nuestro puerto es considerado la segunda ciudad más peligrosa del mundo y eso lejos de avergonzarnos debe llenarnos de indignación e inyectarnos fuerza para cerrar filas y sacudirnos ese estigma. La seguridad es algo en lo que jamás debemos claudicar.

Mientras tanto… ¡Jálalo que es pargo!

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