Más humanismo, menos egoísmo
Jacko Badillo
Además de impactarme porque tal parece que son hechos que se han estado repitiendo constantemente en últimas fechas, dos videos que andan circulando en redes sociales me han llevado a reflexionar y reforzar mi convicción respecto al trato que debemos brindar como servidores del sector público o privado.
El primero es el de una mujer madura que se queja de la pésima atención que recibe del encargado de la ventanilla de cobro en una empresa de telefonía celular. Fuera de sí, la dama encara al individuo que con evidente insensibilidad le dice que se retire, provocando que aquella comience primero a golpear y luego a causar destrozos dentro del negocio, hasta que finalmente sale hecha una furia.
El segundo caso es similar. Una fémina reacciona de manera violenta ante el trato despectivo que recibe del encargado de una farmacia al parecer en una clínica del Seguro Social. Se queja además de que siempre le dicen que no hay el medicamento que le recetan y en un arranque de desesperación también comienza a manotear y golpear.
Asustado por la reacción, el empleado de la institución intenta enmendar su actitud y como por arte de magia aparece una caja del medicamente que exige la derechohabiente y se la entrega a la demandante, lo que lejos de controlarla más la enfurece pues ello evidencia que en realidad si había pero se lo estaba negando, además de que no era sólo una caja la que le recetaron sino varias.
Desafortunadamente el mundo se ha vuelto estresante por tanta violencia e inseguridad que a diario vivimos, y estas actitudes que adoptan los servidores, sean públicos o privados, abonan de manera negativa y si bien no se justifican las reacciones violentas, se entienden perfectamente.
Los espacios de atención al público deben ser ocupados por personas con mucha sensibilidad, disposición, y sobre todo paciencia. El llamado es a que pongamos empeño y dedicación al trabajo que desempeñamos y por el cual recibimos una remuneración, con la cual sostenemos a nuestras familias. Más humanismo, menos egoísmo.
Mientras tanto… ¡Jálalo que es pargo!