LETRAS LIBRES, ALMA FEROZ

La mala fama de la pendejez

La mala fama de la pendejez
Política
Abril 04, 2026 21:32 hrs.
Política ›
Emireth Bollás Mendoza › codice21.com.mx

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Me parece increíble la manera en que hemos malgastado las groserías. Habiendo tantas palabras en español, hemos decidido usar una sola para expresarnos y describir todo aquello que nos disgusta. Últimamente he reflexionado sobre cómo hemos usado, en particular, una de ellas para diversos contextos.

Pero ¿qué es ser un pendejo/pendeja? El Diccionario de Mexicanismos de la Academia Mexicana de la Lengua la define como una persona ingenua, tonta o estúpida; así, sin más.

Con esta aclaración no quiero decir que la palabra me molesta. Sé que, dependiendo del contexto, se utiliza de forma despectiva o ligera. El problema no es la palabra, sino la facilidad con la que la usamos para todo y dejamos de matizar.

¿Alguien comete un error? Es un pendejo.
¿Alguien hace un chiste que no nos da risa? También.
¿Alguien actúa de manera irresponsable? Otra vez lo mismo.

Entonces, ¿todo significa lo mismo?
¿No podemos describir algo que nos disgusta de otra manera?
¿No podemos señalar la irresponsabilidad, el egoísmo, la distracción como lo que es?

Definitivamente la grosería no es el problema.
La costumbre sí: decir sin pensar, nombrar sin precisar.

Si lo pensamos un poco más, no es lo mismo.

Cuando una persona se pasa la luz roja del semáforo y pone en riesgo a otras personas, no está haciendo una pendejada: está siendo irresponsable. Cuando dos personas se pelean a golpes, no son ’unos pendejos’; están siendo violentos. No es lo mismo una distracción, un acto egoísta, ni la torpeza frente a una falta de respeto.

Y, sin embargo, insistimos en llamarles igual.

A veces parece que ocupamos esa palabra no porque describa mejor las cosas o los defectos de las personas, sino porque nos es más fácil. Ahorra el esfuerzo de pensar, de distinguir, de incomodarnos un poco. De cierta forma, evita que usemos los conceptos correctos.

Y digo ’nos’, porque en algún momento hemos preferido usarla antes que detenernos a pensar qué palabra queremos decir.

Porque decir ’pendejo’ resuelve rápido, pero también simplifica demasiado.

Quizá lo verdaderamente preocupante no es la pendejez, sino nuestra insistencia en no llamar a las cosas por su nombre… y en el fondo, en no querer entenderlas.

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