Negligencia de personal de Chong Barreiro deja a paciente parapléjico, ciego, sin habla y sin poder escribir


El director del Hospital General de Pachuca y protegido de Miguel Ángel Osorio Chong, ante la negligencia cometida por personal a su cargo, burlonamente contestó a la familiar del paciente ’que denunciara, pues de esa forma pondrían atención a que no cuentan ni con cubrebocas’

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Negligencia de personal de Chong Barreiro deja a paciente parapléjico, ciego, sin habla y sin poder escribir

Salud

Enero 06, 2020 02:57 hrs.
Salud Estados › México Hidalgo
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Una mala atención médica del área de transplantes por parte del Hospital General de Pachuca, cuyo director Francisco Javier Chong Barreiro -protegido del exgobernador Miguel Ángel Osorio Chong-, derivó en que un paciente que recibiría un transplante de riñón perdiera el órgano donado, quedara en estado parapléjico, ciego, sin habla y sin poder mover los músculos de los brazos.

Ante la desgracia y el llanto de la madre del paciente, Chong Barreiro sólo atinó a decir, de forma burlona, que le venía bien la denuncia para que las autoridades de Salud estatal estuvieran conscientes de todas las carencias que tienen como hospital, donde no tienen batas ni cubrebocas para que el personal haga revisiones de los pacientes en condiciones críticas.

Chong Barreiro es protegido del exgobernador Miguel Ángel Osorio Chong y por ello se ha mantenido 16 años como director del nosocomio. Su padre era amigo muy cercano a la madre del exmandatario y se consideraban "hermanos". Familiares de ambos estuvieron -y están- ligados al sector salud en Hidalgo.


(Ricardo R. V., momentos antes de la intervención)

La esperanza

Ricardo R. V., de 31 años de edad, recibió una llamada el pasado 28 de julio de 2019, a las 6:30 pm, en el cual fue informado que había un donador de órganos. Él requería un transplante de riñón y esperó el mismo durante 6 años, luego de que en 2013, el recibido en el Hospital La Raza de la Ciudad de México, no resultara exitoso, aunque tampoco le había dejado mayor secuela en su Salud, teniendo esperanza e encontrar un órgano que le permitiera llevar una vida normal.

Todavía sonrió antes de que comenzara la intervención quirúrgica y la alegría para los familiares fue mayúscula cuando, unas horas después, se les notificó que el transplante había sido un éxito, que el riñón prácticamente trabajaba al 100%, uno muy potente, y que pronto podrían visitarlo en el área de recuperación.

Pero la alegría duró apenas un par de horas.

El calvario

Fue alrededor de las 6pm del 29 de julio, unas horas después de la operación, que recibió una llamada urgente para que acudiera a dar las autorizaciones correspondientes para la realización de otra intervención, pues le informaron, que el riñón “se había volteado”, no drenaba, y una arteria se había doblado, lo que ponía su vida en peligro.

Fue la segunda de cinco cirugías que practicaron en un periodo de una semana.

Pero en el transcurso de las intervenciones, lo que creyó que era producto de su imaginación se tornó una certeza. Dos pacientes recibieron transplante de la misma persona que donó los órganos: la primera de ellas, una joven, gozaba de todos los cuidados: personal que hacía revisiones, una atención adecuada en un cuarto del hospital y mucha higiene; en el caso de su hijo -relata la madre-, la habitación estaba en otro piso, insalubre por su poca higiene, sin la visita de personal y siendo ella misma la que notificaba a los médicos o enfermeros cuando había sangrados, gritos de dolor y demás síntomas posteriores a las intervenciones, corriendo por los pasillos cuando sucedía algo.

Cuando era relevada por familiares, en lugar de tomar descanso, se disponía a arreglar trámites administrativos así como a solicitar ayuda por parte de las autoridades del hospital.

En una de las ocasiones, observó que el lugar llevaba días sin ser barrido, que las cortinas se caían, pasaban horas sin que nadie se acercara, e incluso encontró una ventana abierta. Al llamar a los médicos y enfermeros de otro piso, pese a que el estado de Salud de su hijo era grave y las infecciones eran peligrosas, notó que el personal se acercaba sin batas ni cubrebocas; ni siquiera se lavaban las manos para auscultarlo cuando minutos antes los había solicitado en otro piso -y estaban comiendo y/o en otras actividades-; la cama estaba sucia y las sábanas, aunque ya limpias, no estaban desinfectadas. Ella era quien proporcionaba los medicamentos ante la falta de personal.

Informó lo anterior al director del Hospital, Chong Barreiro, quien burlonamente, le expresó que “qué bueno que estaba inconforme y qué mejor si denunciaba, pues de esa forma las autoridades -estatales- se informarían sobre todas las carencias que como hospital tienen, que van desde la falta de personal hasta no tener ni unos cubrebocas…”.

Habló también con el Secretario de Salud, quien hizo llamadas a su vez a Chong Barreiro. A partir de allí, el trato fue todavía peor, al grado que en la última intervención, se le dijo que su paciente -hijo- difícilmente saldría de esta, que presentaba muerte cerebral y sólo 2% de probabilidades de vida; que entre el órgano y la vida, preferían lo segundo, por lo que retirarían el mismo, aunque debía esperar lo peor.

Allí fue cuando decidió llevar a su hijo al IMSS, donde afortunadamente se estabilizó, no sin antes tener problemas administrativos, pues no tenía conocimiento de los documentos que debía presentar y muchos no se los entregó el Hospital General de Pachuca.

También quedó documentado la forma en la que entregaron el paciente, aunque luego de hacer su respectiva queja ante DDHH, misma que contestó el mismo Chong Barreiro, argumentaron que todo era mentira.

La prueba sin embargo de que los cuidados recibidos no eran los mejores, es que del Hospital General siempre hubo complicaciones, al grado que el paciente no iba sedado, emitía gritos de dolor, no podía hablar, estaba parapléjico, quedó ciego, iba desangrándose, y tampoco tenía movilidad suficiente en las muñecas y brazos para poder escribir.

Afortunadamente, en el IMSS, el diagnóstico ya no era de muerte cerebral ni que sus probabilidades de vida eran sólo del 2%, así como tampoco, tener que buscar corriendo al personal cuando los quejidos del paciente o la sangre eran preocupantes.

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