La operación Furia Épica desatada contra Irán por parte de Estados Unidos e Israel, justo mientras entablaban negociaciones para ampliar los acuerdos previos que los persas habían cumplido a cabalidad, tiene como primer tentativa de culminación el plazo de tres semanas, destacó ante la prensa Donald Trump.
La declaración sin embargo, luce como una más de las mentiras a las que diariamente recurre el mandatario estadunidense, que una intención de terminar con el conflicto.
Es clave saber que ya anteriormente ha sido desmentido por Irán en diversas afirmaciones, a la vez que se ha demostrado que ha favorecido a cercanos suyos con información privilegiada para beneficiarse de los movimientos de mercado que sus declaraciones causan.
Además, la guerra contra Irán no ha sido fácil, pues si bien consiguieron rápidamente sus primeros objetivos militares mediante sus primeros ataques a traición -porque se dieron en medio de negociaciones de ampliaciones de acuerdos-, al igual que en Venezuela, no encontraron apoyo de la población, lo que les ha impedido implementar un gobierno afín a sus intereses.
A ellos se suma la estrategia de guerra asimétrica. Y es que aunque el gobierno de Estados Unidos posee el ejército más grande del mundo, capaz de vencer al resto del mundo en una batalla frente a frente -gracias a los recursos que saquea del resto de países del orbe-, Irán mantiene una serie de ataques ejecutados no para ganar de manera rápida, sino para generar un panorama económicamente incosteable para los invasores.
Para poner un ejemplo, por cada misil iraní lanzado tiene un costo aproximado de 15 mil USD, la cúpula que se extiende sobre el territorio ocupado de Palestina gasta desde Tamir (70 mil USD) hasta Patriot (4 MDD), condición que se replica en drones y en otro tipo de armamento.
Irán mantiene bajo su control el Estrecho de Ormuz, lo que ha elevado el precio global del petróleo y ha generado que el 66% de los estadunidenses opinen que se debe abandonar rápidamente la guerra aún si no se cumplen los objetivos de la misma por parte de su nación -como consecuencia del alza en costos del combustible-.
A lo anterior hay que sumar los ataques recibidos en media docena de bases militares estadunidenses en oriente medio y que, para no repetir otro fracaso como el de Vietnam, están impedidos a desarrollar una invasión terrestre por lo inhóspito del ambiente en Irán.
Parece que, una de las salidas que busca Trump, es renunciar a la guerra culpando a los europeos de no quererse unir a la misma, así como obligarles a pagar por los gastos. Y aunque el planteamiento se aprecia a todas luces irracional, Trump siempre lo ha sido, y en la corta historia de los Estados Unidos, ha sido, de hecho, siempre así.