La hora de la guerra (primera parte).

Propuestas y Soluciones

Jorge Laurel González

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Política

Febrero 16, 2021 18:50 hrs.
Política Nacional › México Guerrero
Jorge Laurel González › codice21.com.mx

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La violencia es la comadrona de la nueva sociedad. Los disturbios sangrientos son la necesidad frecuentemente ineludible del desarrollo.
Carlos Marx.

La guerra no es un concepto estático; sus límites, además, son imprecisos en la medida en que no los marca necesariamente la violencia.

Desde un punto de vista lingüístico el término guerra tiene acepciones que van desde el campo político-social hasta el individual y moral. En el diccionario de la Real Academia Española (RAE), la definición de guerra incluye un amplio abanico de actividades, desde cualquier combate moral hasta la lucha armada.

La guerra es, en sí misma, mutación, cambio, superación. Con la guerra se abren los caminos bloqueados; no pocos de los avances acaecidos en la historia de la humanidad (no sólo tecnológico sino de todo tipo) se han producido estimulados por este estado de necesidad.

Desde un punto de vista organicista, es asimilada a la tipología de fenómenos de acumulación lenta de energía a la que sigue su descarga brusca. En otros términos, la guerra supone el rápido consumo de un capital humano acumulado.

Clausewitz, por su parte, define la guerra, como un duelo, un combate singular amplificado, en esencia es de acuerdo a su definición: un acto de fuerza para obligar al contrario al cumplimiento de nuestra voluntad.

Tesis con la que aúna medio (la fuerza) y también el fin; a ello añade que: la guerra es un pulso de energía de fuerza variable y por tanto variable también en cuanto a la rapidez con que estalla y descarga su energía.

En el siglo XIX, el desarrollo de la teoría de Darwin, sobre la evolución de las especies y su aplicación al ámbito de las relaciones humanas, trajo una visión deseable de la guerra como ley de vida, una suerte de mecanismo para subyugar a las naciones inferiores o rematar a los imperios moribundos introduciendo así a sus pueblos en un nuevo ciclo.

Esto es, una crisis de la que se deriva una reordenación de las Relaciones Internacionales con una nueva puesta en valor de unos y de otros.

Cuando la idea de un pueblo ha caducado, este pueblo desaparece y está bien así; pero no cede el lugar sin resistencia: de ahí la guerra. Hay que aplaudirla y glorificarla. El vencido siempre se merece serlo; acusar al vencedor y tomar partido en su contra es tomar partido contra la Humanidad y quejarse del progreso de las civilizaciones (Verstrynge, 1979).

Compartían, de este modo, la visión positiva de la guerra que la señala como uno de los principales motores de evolución. Mahan, por ejemplo, veía en la guerra una ’ley de progreso’ como también lo hacia Renan. Cyril Fall llegaría a afirmar:

Surgen de la guerra grandes y nobles ideas. Las más altas aspiraciones que el hombre siente por el hombre, arraigan y florecen en su fango, del mismo modo que las rosas pueden crecer en sus estercoleros (Fraga Iribarne, 1962).

Clausewitz hablaba de ’guerra absoluta’, concepto este completado y superado por la ’guerra total’ de Ludendorff. Si el primero consideraba la guerra como una prolongación de la política y lo militar como su instrumento.

La siguiente fase, encabezada por Luddendorf, fue la subordinación de lo político a lo militar. Como características comunes a estas definiciones cabe señalar su carácter sangriento, su naturaleza colectiva y total y su desarrollo en el ámbito de sociedades: requiere de un encuentro activo entre fuerzas enfrentadas y de un importante de grado de organización, porque la organización guerrera no puede deslindarse fácilmente de la social, al igual que la tecnología de las armas no puede hacerlo de los utensilios.

Por ello, sólo a partir del Neolítico resulta apropiado hablar de guerras; es más, las primeras huellas indiscutibles de este fenómeno son de la edad del bronce. En cualquier caso, la guerra también es expresión de la existencia de una relación.

Entre los imperios romano y chino no había guerra, porque tampoco existía relación directa alguna.
Panebianco, califica la guerra como la principal institución del sistema político internacional.

Sería así un reajuste de las relaciones entre dos grupos sociales organizados, que no las interrumpe, sino que les añade una dimensión suplementaria la cual se materializa a través de la violencia.

Es más, la guerra, en cuanto que forma de relación precisa de todos los elementos que caracterizan el diálogo al que se añade violencia: reconocimiento, alteradas, empatía e interacción.

Como conclusión, me queda claro que de acuerdo a la definición de Clausewitz, hoy existe dos guerras, solamente que, en una, el agresor es invisible, un virus que nos ha cambiado la vida. Pero contra el cual, hay defensa. De la otra (la guerra electoral), detallaremos datos también en el próximo artículo, hablaremos sobre la manera en logramos ganar la primera guerra y como sobrellevar la segunda.

Obviamente, todos juntos, porque solamente Juntos, Logramos Generar: Propuestas y Soluciones.
JLG.


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