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Afganistán: el caos. Primera parte.

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Jorge Laurel González

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Agosto 30, 2021 10:06 hrs.
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Un buen historiador tratará de descubrir lo que hace de la humanidad la más destructiva y creativa de las especies.

Paul Johnson (Escritor e historiador británico) (1928- ).

Afganistán a partir del 15 de agosto está gobernada de facto, por el Emirato Islámico de Afganistán, después de la retirada de las tropas occidentales y la caída de las instituciones que conformaban a la República Islámica de Afganistán que contaba con el reconocimiento institucional.

Para poder entender el momento, es importante hacer un ejercicio de retrospectiva profundo y conocer el origen del pueblo afgano.

En Afganistán, hay presencia de grupos humanos desde hace 50,000 años, fue una zona que tuvo cierto potencial de desarrollo en la Asia Central y que fue siempre terreno de disputa de diferentes reinos, durante un tiempo formó parte de los siguientes imperios: aqueménida, macedónico, maurya y el imperio árabe.

Afganistán fue completamente conquistado por el Imperio Persa, específicamente por Ciro, rey de Persia, posteriormente Darío I, la dividió entre cinco Sátrapas (nombre que tenían quienes fungían como virreyes administrativos). En ese tiempo se vivió la pax iránica y el florecimiento de la civilización, en el marco de la reforma religiosa de Zaratustra. Posteriormente la conquista de Alejandro III de Macedonia (conocido como ’el grande’ o ’Magno’) produjo una integración entre Grecia, Irán y la India.

Cuando murió Alejandro, las diferentes satrapías se disputaron el territorio, llegaron a dominar los Seléucidas, la dinastía india de los Maurya, el reino de Bactria, también tuvo su momento, sobre lo que hoy es Afganistán. Durante el siglo I y II de nuestra era, la población abrazó la religión budista, aunque posteriormente esto fue reducido por el gran impacto de la civilización sasánida en el siglo III d. C. y las invasiones de los hunos blancos (heftalíes o turcomongoles) que produjeron inestabilidad y opresión.

Para el año 651, los árabes derrotaron a los sasánidas, por la Conquista de Harat, aunque siempre hubo resistencia y eso hizo que la islamización fuera muy lenta.

La antigua Kapici (región de Kabul) no fue convertida hasta finales del siglo IX, y hasta el siglo XIII subsistieron numerosos principados, tanto vasallos como independientes. En el norte, los samaníes, iranios originarios de Samán, cerca de Balj, consiguieron la hegemonía.

Los mercenarios turcos que habían reclutado, originaron una nueva era. En 962, uno de ellos, Alp Tigin, se hizo independiente en la región de Gazni.

Sus sucesores, sobre todo Mahmud (999-1030) a la cabeza de la dinastía gaznávida, extendieron su dominación hasta Isfahan, y lanzaron diecisiete expediciones contra la India.

Convirtieron Gazni, rival de Bagdad, en un centro notable, donde brillaron artistas y escritores, entre ellos Ferdousí, el poeta nacional de Irán.

Estos desaparecieron bajo el empuje de príncipes afganos, los guríes, que usurparon el poder. Desde entonces, afganos y turcos afganizados proporcionaron príncipes y mandos a las monarquías indo-musulmanas. Esta avanzada civilización de los siglos XI y XII, comparable a la del Afganistán budista de siglos anteriores, se hundió bajo la invasión de Gengis Khan, que se ensañó particularmente con el país (1221-1222).

A las devastaciones mongoles se añadieron las de Timur Lang (Tamerlán), quien se hizo coronar en Balj, en 1370. Este fue culpable, entre otras cosas, de la ruina del importante sistema de riego, de lo que ya no se recuperaría jamás.

El Afganistán oriental, encerrado en sí mismo, vivió cierto renacimiento cuando el turco Baber (Babur) se instaló en Kabul en el año 1504 y conquistó la India, donde fundó la dinastía de los grandes mogoles, aunque siguió siendo para ellos una provincia lejana y olvidada. En la misma época, el Afganistán occidental pasó al poder de los safawi de Irán.

La decadencia de los mogoles y el debilitamiento de los Safawíes, a principios del siglo XVIII, hicieron que las inquietas tribus afganas recuperaran sus libertades y permitieron el nacimiento de un Estado afgano, gracias a la rebelión y la declaración de independencia de Mirwais Kan Hotak, jefe de la tribu de los Ghilzai, en 1709.

Los Ghilzai tuvieron que afrontar el movimiento nacional de Nader Shah, que conquistó Kandahar y Kabul en 1738. Un oficial de Nader, Ahmad Khan, de la tribu de los abdalíes, se proclamó rey en Kandahar, tan pronto como Nader Shah fue asesinado (1747), y fundó la dinastía de los Durraníes, primera dinastía afgana independiente. Este intervino repetidas veces en la India, como sus antecesores, y constituyó un reino extenso pero inestable. Su sucesor, Timur Shah Durrani, que trasladó su capital a Kabul, mantuvo la paz en el reino, pero, tras su muerte, sus hijos y jefes tribales se disputaron su sucesión (1793).

Por último, Dust Muhammad, cuya presencia se data desde 1818, fue reconocido emir en Kabul (1838) y fundó la dinastía de los Barakza´i o Muhammadza´i. Renunció a las provincias indias y se dedicó por entero a Afganistán, convertido en Estado tapón entre los imperios británico y ruso.
Dust Muhammad, unas veces víctima y otras veces beneficiario de la intervención británica, durante la primera guerra anglo-afgana (1839-1842), fue sustituido por Suya´ al-Malk (1839) y, después tras una insurrección y la aniquilación del ejército británico de Alexander Burnes (1842), fue restablecido en el trono a cambio de aceptar un protectorado británico.

La presión rusa sobre el Asia central llevó en 1878 a una segunda guerra afgana contra Gran Bretaña, y Abd ur-Rahman Khan (1880-1901) hubo de reconocer las fronteras de la ’Línea Durand’ en 1893.
Los esfuerzos de Habib Allah (1901-1919) y de Aman Allah Khan (1919-1929) para sacar a su país del aislamiento fueron anulados por la voluntad británica de reforzarlo. Solamente la tercera guerra afgana, llamada de la independencia, consagró el pleno reconocimiento de la soberanía de Afganistán: gracias al armisticio de Rawalpindi, el 8 de agosto de 1919 y el tratado de Kabul, el 22 de noviembre de 1921.

Aman Allah Khan inició la modernización del país: constitución (1922), código administrativo (1923), comienzo de la instrucción femenina (1924), nueva constitución (1928), viaja a Europa y se hace coronar rey. La reacción conservadora no tardó mucho. El soberano fue derrocado, y un aventurero, Habib Allah Khan, ejerció durante seis meses una sangrienta dictadura.

Nadir Shah, pariente de Aman Allah Khan, eliminó al usurpador y se hizo proclamar rey en 1929. Instruido por la experiencia, reemprendió con prudencia las reformas, pero fue asesinado en 1933. Le sucedió su hijo Mohammed Zahir Shah de cultura francesa y adicto a ideas nuevas, quien hizo que su país entrara en la Sociedad de Naciones (1934) y abrió progresivamente el país a la influencia exterior. En 1937 firmó el pacto de Sa‘dabad con Turquía, Irán e Irak, pero no se dejó arrastrar a la segunda guerra mundial.

Afganistán siguió siendo botín disputado por el oriente y el occidente y en la próxima columna comentaremos un poco más ya sobre su historia contemporánea.

Recuerden que hay que cuidarnos en esta pandemia y que solamente Juntos, Logramos Generar: Propuestas y Soluciones.

JLG.


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