LETRAS SUELTAS, ALMA FEROZ
Emireth Bollás Mendoza
(Cuatro propuestas para explorar experiencias humanas desde la mirada esotérica de este mes).
Capítulo II. Un hechizo que siempre falla
Octubre me ha obligado a mirarle como si fuera un ritual fallido.
Heterosexual o no, capricornio o no, monógama o no… el amor romántico nos jode la vida a todas las personas, a todas, pero nunca tan fuerte, como a las mujeres.
De pequeñas, a muchas nos dieron la receta, como dice una canción ’tímida, callada, inocente y tienes la mirada’, y eres perfecta. Las películas animadas y los clichés románticos nos mostraron como termina todo: en un cuento perfecto de amor.
31 años de mi vida, me ha demostrado que esto es falso de toda falsedad. No me malentiendan; me parece que, con los días vividos, es necesario hacer una pausa para preguntarnos:
¿Qué significa para mí amar?
¿Estoy amando a una persona o a una fantasía?
¿Busco validación bajo el nombre del amor?
¿Este amor me nutre o me consume?
¿Puedo imaginar una forma de amar que sea acorde a lo que quiero y no a lo que la sociedad me impone?
Porque todas las personas, en algún momento —o en varios momentos — hemos tolerado, por amor, actitudes que no deberíamos. Y pienso en mi experiencia – que no es distinta a las demás-:
Cuando nos dicen como vestir, con quienes salir, con quienes hablar;
cuando nuestros sentimientos son minimizados;
cuando nos llaman de manera despectiva;
cuando nos hacen llorar;
cuando quieren controlar las amistades que tenemos;
cuando presionan con llamadas, mensajes, tatuajes;
cuando invaden nuestros espacios;
y cuando vivimos muchas cosas que, como personas nos hacen sentir vulneradas y en peligro:
Nos están violentando.
El amor romántico me ha obligado a mirarle como si fuera un ritual fallido.
Octubre llegó de nuevo y sigo preguntándome:
¿Cuánto tiempo más a seguir llamando ’amor’ aquello que nos vulnera, nos apaga y nos desconecta de nuestra propia voz?
Octubre regresó, pero esta vez, me recuerda en las 365 oportunidades nuevas para cambiar el hechizo, para vivir el amor desde otro lugar:
Uno en donde pueda mirar al amor como un ente que me permite crecer respetando mi autenticidad; uno en donde la voz interna sea la que me guíe sobre el ruido exterior. Uno donde amar, no sea perderme, sino volver a casa.