Tradicionalmente el 7 de junio se ha celebrado el ’Día de la Libertad de Prensa’, hoy no hay nada o muy poco se celebrar


Se debe castigar a los corruptos y acabar con la impunidad de que han gozado
por décadas; Justamente lo que le ha molestado a muchos que quisieran poder
golpear sin réplica, poder difamar sin ser exhibidos

| Gregorio Almazán Hernández | Desde diarioalmomento.com
Tradicionalmente el 7 de junio se  
ha celebrado el ’Día de la Libertad de Prensa’, hoy no hay nada o muy
poco se celebrar

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Junio 07, 2020 13:42 hrs.
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PERIODISMO EN MEDIO DE ATAQUES,
CRISIS DE CREDIBILIDAD Y PANDEMIA

Por JUAN CARLOS ROJAS IBARRA

Este 7 de junio de 2020, fecha en que tradicionalmente se celebraba en México el ’Día de la Libertad de Prensa’, instituido en la década de los cincuentas por los empresarios de los principales diarios impresos, la coincidencia plena está en que, por ahora y en atención a los últimos acontecimientos, no hay nada o muy poco que celebrar.
Desde luego que el cúmulo de agresiones en contra de los comunicadores mexicanos se ha visto incrementado y diversos organismos como la Federación Internacional de Periodistas (FIP), la Federación de Periodistas de América Latina y el Caribe (FEPALC), Reporteros sin Fronteras o Artículo 19 y el mismo Sindicato Nacional de Redactores de la Prensa (SNRP), nos ubican en el nada honroso segundo lugar a nivel mundial en crímenes cometidos contra periodistas, por encima de países que confrontan conflictos armados internos o de agresiones imperialistas como Irak, Somalia, Yemen o Siria.
A los 47 periodistas asesinados durante el gobierno de Enrique Peña Nieto, tenemos que sumar los 13 compañeros caídos en lo que va del gobierno de Andrés Manuel López Obrador. La situación se agrava cuando sumamos los atentados, secuestros, amenazas y toda suerte de agresiones que, descaradamente, son enderezadas en contra de los periodistas para exigirles silencio o imponerles una línea editorial amordazada o con cierta tendencia.
Pero en México no se trata de conflictos armados, por lo menos no en el sentido de una guerra civil o una agresión de las potencias para apropiarse de sus recursos naturales. En nuestro país es la guerra de los cárteles de la droga y la simbiosis que han establecido con diversas autoridades corruptas de los tres niveles de gobierno, la que ha arrastrado en su vorágine al gremio periodístico.
Seguimos padeciendo la voracidad de los empresarios de los medios, tanto impresos como electrónicos o digitales: salarios precarios -(donde los hay)-, jornadas de trabajo agotadoras, falta de prestaciones, seguridad en el empleo, falta de respeto a la dignidad y principios éticos de los periodistas, acoso laboral, sexismo, misoginia y toda una pléyade execrable y hasta delictuosa. Debemos tomar en cuenta que miles de periodistas que laboran en medios regionales muy modestos, ni siquiera cuentan con un salario.
Los reporteros salen a cumplir sus órdenes de trabajo, que en la generalidad van encaminadas a la consecución de convenios publicitarios para beneficio de las empresas, por la buena, ofreciendo notas favorables, aunque no haya motivos reales o presionando a los gobiernos, dependencias, funcionarios o dirigentes políticos. Eso es lo que ha llevado a la prensa a los más bajos niveles de credibilidad y a soportar el oprobioso anatema de ’prensa vendida’.
El gobierno ha suprimido las enormes partidas presupuestales que eran destinadas a esa suerte de soborno disfrazada de convenios publicitarios o a los famosos ’chayos’ dirigidos a los reporteros, lo que ya era un escándalo. También se han terminado las canonjías de que disfrutaban los grandes empresarios de la comunicación. Por eso la virulencia con que han respondido, utilizando como ariete a los reporteros.
Las páginas de ciertos diarios mexicanos, se han vuelto un resumidero de noticias falsas en contra del gobierno. Toda actuación es motivo de crítica, pero nunca como ahora, hemos visto la posibilidad de ejercerla sin temer a las represalias. No obstante, el presidente ha hecho uso de su derecho de réplica para precisar hechos, aclarar noticias falsas, para poner en contexto las cosas o incluso para defenderse.
Y eso es justamente lo que le ha molestado a muchos que quisieran poder golpear sin réplica, poder difamar sin ser exhibidos, tal y como lo hacen los voceros del viejo régimen, aquellos que fueron sus cómplices y que se enriquecieron al amparo del poder y que ahora mantienen una guerra mediática para tratar de desprestigiar a toda costa al mejor presidente que hemos tenido después de Lázaro Cárdenas. Olvidan que 30 millones de mexicanos le dieron su apoyo en las urnas porque no quieren que sea la violencia la que haga el cambio.
No debemos olvidar que las autoridades de los tres niveles de gobierno se han corrompido a lo largo de varias décadas y que instituciones enteras fueron cooptadas o infiltradas por el crimen organizado. De ese lugar oscuro de la sociedad han salido las órdenes de amenazar, golpear o incluso matar a los periodistas incómodos.
Y hablo de los tres niveles de gobierno, precisamente porque no olvido que los funcionarios del viejo régimen del PRIANRD siguen enquistados en las dependencias federales, donde solo hubo cambio de titulares; tienen copados todos los mandos medios de los llamados organismos autónomos del Estado, el poder judicial y no se diga el poder legislativo. De igual manera, los gobiernos estatales y municipales están pletóricos de ellos.
No, no basta que el presidente sea una persona honesta, capaz y bien intencionada, ni que esté acompañado de un grupo de funcionarios que lo emulan y apoyan, debe hacerse una verdadera limpia para sanear hasta el último rincón del Estado mexicano, castigar a los corruptos y acabar con la impunidad de que han gozado por décadas.
Ante tales circunstancias, los periodistas debemos responder con crítica y más crítica, con investigación, contrastando las fuentes, exhibiendo a los corruptos, así llegaran a ser amigos del presidente o miembros de su partido, mostrando las fallas donde las veamos, sin recurrir a la denostación, ni a las medias verdades o a las noticias falsas. Debemos, en fin, responder con todo el profesionalismo del que somos capaces porque se trata de informar a la ciudadanía y favorecer con ello a la democracia.
Es cierto que en esas condiciones el trabajo periodístico se vuelve más complicado, en la medida en que cada investigación se vuelve tortuosa y llena de peligros. El camino para arribar a un verdadero Estado de Derecho y la plena vigencia de la Libertad de Prensa por ahora es cuesta arriba y se ve todavía muy lejana, aunque ya podemos ver una luz al final del túnel.



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