Textos en libertad

Un nuevo nombre en los anales del periodismo mexicano

José Antonio Aspiros Villagómez

Un nuevo nombre en los anales del periodismo mexicano

Periodismo

Julio 17, 2020 21:55 hrs.
Periodismo Nacional › México Ciudad de México
José Antonio Aspiros Villagómez › Club Primera Plana

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El tecleador está de plácemes porque esta semana aumentaron a tres los periodistas de apellido Aspiros, ya que a su hija Diana Araceli y a él mismo, se sumó su nieta Diana Laura, estudiante de la FCPyS de la UNAM, quien comenzó a colaborar en un medio digital con un reportaje sobre el tema del momento, pero sin especulaciones sobre camas, vacunas y respiradores. Trata con casos empíricos del drama humano de quienes, nuevos desempleados, tienen que vender baratijas en la calle para poder comer. Bienvenida al gremio, querida Dianita.

Recibimos con orgullo la noticia en la víspera de que, familiares y amigos del periodista y escritor Octavio Raziel García Ábrego, fallecido el 3 de diciembre de 2019, le rendimos un homenaje virtual al cumplirse 58 años de sus inicios como reportero en el diario El Nacional, y para presentar la edición póstuma de sus libros La vida como es y Asesinato en la cocina, ya que también fue un fecundo escritor.

La mayoría del medio centenar de participantes tomamos la palabra para recordar anécdotas, enseñanzas, valores, aventuras y actividades profesionales del colega, quien según una síntesis de lo que se dijo, fue sincero en la amistad, ejemplar en lo familiar y honesto en el trabajo.

En su intervención, este tecleador expresó que, si bien ambos se conocían desde sus épocas reporteriles, la amistad comenzó cuando Raziel ingresó al Club Primera Plana en diciembre de 2003 y se extendió más tarde a las respectivas parejas y la familia de él.

Hablamos de su columna Reflexiones de fin de semana para la que inventó como protagonistas a los personajes Laura, Alberto y San Compadre, estos dos últimos -de hecho- convertidos en los alter ego de Octavio; uno para narrar sus aventuras, no sólo reporteriles, y el otro para exponer sus ideas filosóficas.

Explicamos que en 2010, dos años después de enterado de sus aneurismas, Raziel escribió una Despedida donde dijo que por ’la depresión, el miedo, el enfado, la enfermedad y la paranoia’, era la ’hora de cerrar el cerrojo, de apagar el ordenador (y) de dar las gracias a quienes confiaron’ en él.

Pero en 2011 expulsó ’de ultratumba’ (así lo dijo) a sus personajes, que ya no regresaron a las Reflexiones de fin de semana -con las que editó un libro- sino a la columna La vida como es, que se publicó póstumamente como libro también, con una selección de los 500 textos -unos provocadores y otros evocadores- que hizo con ese nombre.

Fue muy inquieto y lo manifestó claramente tanto en sus escritos como en sus temerarias incursiones -ya en sus últimos años- en paracaídas y tirolesas, para no olvidar que en su juventud fue marino y rescatista que subió volcanes y montañas y bajó a cavernas y ríos subterráneos.

Sus recuerdos de esos tiempos, convertidos en literatura, lo llevaron a figurar en 2012 entre los diez finalistas del concurso español Cuentamontes, y en 2015 a ganar con su cuento Cruz de naufragio el concurso literario El viejo y el mar convocado por la Secretaría de Marina.

Tenía el propósito escribir una tesis sobre el reportaje-novela, pues en toda su obra narrativa logró la fusión de ambos géneros con dosis de contenido autobiográfico, como lo prueba su premonitorio libro México, 8.5 grados Richter, escrito a partir de unos reportajes y que en 2008 nos invitó a presentar en un círculo de lectura de los trabajadores de Pemex.

Otra de sus novelas se llama Los triángulos sexuales y su libro de cuentos y poemas se titula El sueño de Etzael. En la época que estudió para chef, escribió las novelas Sopa de lima y El pinche, a la que luego prefirió cambiar el título a Un asesinato en la cocina. También fue experto en cajas fuertes, pero no le conocimos pasajes sobre ese tema.

En su novela Radiografía de una gitana alude a través de su personaje Alberto a una experiencia real en su vida, cuando perdió en enero de 1970 un vuelo a Poza Rica en un avión que se accidentó y fallecieron varios colegas reporteros. Nos consta que dejó traumas esa tragedia, que de alguna manera vivimos también. A causa de los motivos al parecer injustificables que le impidieron viajar -pero le permitieron salvarse-, el director del periódico quiso despedirlo y al final todo se limitó a una suspensión de diez días.

Con este homenaje, que tuvo lugar por plataformas virtuales el 14 de julio (fiesta nacional de la bella Francia) y en el cual se anunció que el nombre de Octavio Raziel está inscrito en el Monumento a la Libertad de Prensa de Cuernavaca, Morelos (entidad donde él vivía), el recuerdo de nuestro colega y amigo quedó grabado en los anales del periodismo mexicano.


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