LETRAS LIBRES, ALMA FEROZ
Emireth Bollás Mendoza
Cada ocho de marzo se vive de muchas maneras. Para algunas personas es un día de memoria, para otras de lucha o de conmemoración. Hay incluso quienes lo celebran. Pero también existe otra forma de habitar esta fecha: desde la incomodidad.
Y es que, siendo sincera, es un día en el que salen a flote las deficiencias, las limitaciones y los retos que todavía persisten. Tal vez por eso incomoda, porque nos pone de frente con nuestra realidad.
Es claro que ha habido avances, pero también hay muchos retos por enfrentar, situaciones que no podemos ignorar. Es un día en el que nos obligamos a mirar aquello que muchas veces preferimos dejar fuera de la conversación: las preguntas sin respuesta, los compromisos adquiridos que aún no se convierten en acciones claras, precisas y cotidianas.
También es una fecha que visibiliza los prejuicios y las tensiones que todavía existen. Para algunas personas representa una jornada de memoria y de reconocimiento; para otras, una oportunidad para alzar la voz y señalar las desigualdades presentes en distintas esferas de nuestras sociedades.
Puede parecer sorprendente, sin embargo, que aún haya personas que se pregunten si las actividades que se realizan para este día son necesarias. La respuesta es: sí.
Y lo es, porque se siguen generando cuestionamientos, resistencias y desacuerdos que, en algunas tribunas, no son opiniones aisladas, sino reflejos de conversaciones que seguimos teniendo pendientes para la creación de sociedades distintas.
Hoy es un día incómodo, ¿pero para quién? Para quienes cuestionan las acciones realizadas porque no las ven necesarias, para quienes prefieren no tener conversaciones, para quienes no se atreven a confrontar la realidad que afecta a tantas mujeres y personas en situación de desigualdad.
La oportunidad que tenemos hoy es detenernos, mirarnos de frente y cuestionar nuestras prácticas, palabras y silencios, y así transformar esta incomodidad en acción y en reflexión constante.