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Vendedor de conciencia, Cuento


Arcano literario

| Mario Luis ALTUZAR SUÁREZ | Desde El Informador Analítico
Vendedor de conciencia, Cuento

Literatura

Abril 29, 2022 21:11 hrs.
Literatura Estados › México Estado de México
Mario Luis ALTUZAR SUÁREZ › El Informador Analítico

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Al rescate de la soberanía del Club Primera Plana

-…no! ¡No es cierto! Lo que allí se dice. ¡Me difaman!’, escucha exclamar el cuarentón delgado de un metro noventa al octogenario canoso de complexión corpulenta en su metro ochenta y que se escucha como un trueno en el espacio cerrado de quince por ocho y medio metros para soportar una pantalla de diez por seis y medio.

Sin entender lo que sucede, observa y piensa: ’Cuando las luces del cine se encendieron por última vez mi padre se resistió a moverse de la butaca’. Incomprensible para el hijo que tenía otra imagen del hombre que le formó y… seguramente por eso, veía tan normal lo que otros señalan o condenan.

La frase final del documental sobre riesgos y peligros del periodismo, fue lapidaria: ’El mayor peligro para un periodista y la sociedad que representa es un vividor que se disfraza de periodista para vender a sus compañeros al mejor postor y regatear a la sociedad, la conciencia, una doctrina de vida comprometida con la verdad’.

El octogenario ¡estaba atornillado en la butaca, por el desconcierto de un documental que habían hecho sobre su vida y que se ilusionó de que sería generoso para su ingreso a la historia Patria como el ’defensor de periodistas y la sociedad’ y a cambio, lo mostraron tal cuál es: ’Periodista que no vende, no es periodista’.

Un principio que adquirió al ingresar como publicista a una agencia informativa semioficial de un reconocido publicista, y su grandilocuencia le permitió ganarse la confianza del dueño para que, sin informarlo y a su nombre, otorgaba credenciales de periodista o corresponsal viajero a quien le pidiese el documento sin que percibieran la frase firmado ’Por Poder’.

Su habilidad de aparentar ser lo que no es, le permite acercarse a un poblano dirigente de la más importante organización de periodistas en ese momento, para hacerse de un lugar en el Jurado Calificador de los prestigiados Premios Nacionales que, al ser descubierto su ’negocio’ de galardones y ser expulsado, intenta golpear al anciano dirigente.

La actitud que asume de prepotencia con los que considera débiles y sumiso con los que considera poderosos, le permiten dirigir un sistema oficial de radio en 1983, con su patrón que considera amigo en la Era del Torquemada de Bucareli, beneficiario del cierre de treinta y tres estaciones de radio, sin descontar desaparición de cien periódicos y revistas y el inicio sangriento de acallar a los periodistas. ¡Y se dice defensor de periodistas!

De carácter violento, en realidad oculta su miedo a ser descubierto en su exacta dimensión: Un publicista con aspiraciones de redactor, imposibles de cumplir por su arrogancia de negarse a aprender mecanografía, empero, no es limitante para mostrarse como ’escritor’ de catorce libros y que en realidad se reducen a uno, ¡negocio redondo!, porque su única edición la vende muy cara en tres ocasiones como ’edición nueva’ sin pagar a su redactor-corrector.

Siente que todo lo puede hacer en completa impunidad, por algo es el que manda desde veintisiete años atrás, a través de cualquiera que caiga en su lengua relampagueante por su palabra fácil y lo inviste de presidente, en remedo Plutarco Elías Calles, jefe máximo de la Revolución y sus títeres Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio, Abelardo L. Rodríguez y parte del periodo de Lázaro Cárdenas: ’Aquí vive el presidente, el que manda vive enfrente’.

¡Ah! Nada nuevo bajo el sol, sentencia Amos en el 783 antes de nuestra Era. Y su perversa manipulación de periodistas fue registrada por quien sabe quién, quien sabe cuándo, en este documental en que le denudan como el máximo peligro para periodistas y el periodismo, al ejercer su inescrupuloso dogma de vender bien a un dictador que empeñado en reducir la libertad de expresión en propaganda para adoctrinar con su maquinaria de propaganda goebbeliana.

Todavía se escucha su queja lastimera: ’¡No! ¡No es cierto! Lo que allí se dice. ¡Me difaman!’ Y con ese grito, le reconocen los asistentes para señalarle con el índice flamígero por sus acciones que afectaron al gremio periodístico pero, sobre todo, ayudó a conculcar la libertad de expresión y derecho a la información, mostrando su condición natural de ser un simple vendedor de conciencia.


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