Venezuela y el mundo: cuando el precedente se vuelve peligro (Artículo de opinión)


Venezuela y el mundo: cuando el precedente se vuelve peligro (Artículo de opinión)
Política
Enero 03, 2026 16:45 hrs.
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Silvestre Arizmendi › codice21.com.mx

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El debate sobre Venezuela suele presentarse como un asunto interno, casi aislado. Pero esa lectura ya quedó rebasada por los hechos. Venezuela no es solo Venezuela: es un precedente. Y los precedentes, cuando se normalizan, terminan alcanzando a todos.

Para entenderlo, basta mirar dos espejos incómodos del mundo actual: Rusia–Ucrania y la relación de Donald Trump con América Latina, particularmente con México.

En el caso de Ucrania, Rusia justificó su intervención con un discurso que ya conocemos: seguridad nacional, intereses estratégicos, cuestionamiento de legitimidades y desprecio por el derecho internacional. El resultado fue una guerra que no solo destruyó un país, sino que desestabilizó la economía global, encareció la energía y evidenció la fragilidad del orden internacional.

Ahora miremos hacia el continente americano.

Cuando Trump normaliza el lenguaje de sanciones totales, cambios de régimen, desconocimiento de gobiernos y hasta la insinuación de capturas de jefes de Estado, el mensaje es idéntico, aunque provenga de otra potencia:

Las reglas pueden romperse si se tiene el poder suficiente.

Eso no se queda en Venezuela. Trump ha extendido ese mismo método hacia México con amenazas abiertas: aranceles punitivos, presión económica como castigo político, condicionamiento de la relación bilateral a temas migratorios y de seguridad, e incluso discursos que colocan a México como responsable de problemas internos de Estados Unidos. No son simples declaraciones: son instrumentos de coerción.

Aquí está el punto central:
si se acepta que una potencia puede asfixiar a Venezuela para forzar un resultado político, también se acepta que puede chantajear a México, presionar a Europa o doblar a cualquier país que no se alinee.

El problema no es Maduro.
El problema no es Zelenski.
El problema no es México.

El problema es el método.

Ese método —la fuerza por encima de la ley— erosiona el principio más básico de la convivencia internacional: la soberanía. Y cuando la soberanía se vuelve negociable según la cercanía o lejanía con una potencia, el mundo entra en una lógica peligrosa de doble vara. Se condena con razón la invasión rusa a Ucrania, pero se tolera o justifica la asfixia económica y la amenaza permanente contra Venezuela; se defiende el derecho internacional en Europa, pero se relativiza en América Latina.

Las consecuencias no son abstractas. Las sanciones y amenazas generan migración, inestabilidad, inflación, ruptura de cadenas productivas y tensiones regionales. Lo que ocurre en Caracas, Kiev o la frontera norte de México termina impactando al mundo entero.

Defender que Venezuela no sea tratada como botín geopolítico no es defender a un gobierno. Defender que México no sea amenazado desde el norte no es antiamericanismo. En ambos casos, se trata de defender reglas, no simpatías.

Porque cuando se normaliza que el más fuerte decida, nadie está a salvo.
Ni Venezuela hoy.
Ni Ucrania ayer.
Ni México mañana.

El verdadero debate no es sobre países específicos.
Es sobre si el mundo seguirá rigiéndose por normas compartidas…
o si aceptará, en silencio, la ley del más fuerte.

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