López-Gattel, el poder a la inteligencia

Zapata 21

Octavio Augusto Navarrete Gorjón

Zapata 21

Política

Mayo 17, 2020 18:54 hrs.
Política Internacional › México
Octavio Augusto Navarrete Gorjón › codice21.com.mx

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La eclosión de la pandemia es una sacudida que, como todo proceso social, está cimbrando la estructura de todas las cosas; de las tangibles (economía, petróleo, sistema de salud) y de las intangibles: la moral, la cultura y… la política. Una semana después de que el coronavirus llegó a México, comenzó a escucharse el nombre del doctor Hugo López-Gattel, médico epidemiólogo con doctorado en la Universidad Mary Hopkins de Baltimore.

Diez días después, su nombre era el que más se pronunciaba en todo el país y comenzó a hacerse futurología política, ese deporte nacional que viene desde los tiempos de El Tapado.

Los primeros que trataron de acercarse al doctor Gattel, fue la derecha derrotada en 2018; huérfanos de líderes, de organización y de ideas-fuerza, los conservadores pensaron que podrían convencer al prestigiado médico de ser candidato presidencial del PAN en 2024. Cuando vieron su historia de vida dejaron esa intención pero no las cosas por la paz. El epidemiólogo fue dirigente estudiantil de izquierda en la UNAM, donde cursó su carrera de médico general y tiene una formación que es común a tres tipos de funcionarios públicos: los diplomáticos de carrera, los extensionistas rurales o de desarrollo social y los médicos con especialidad en epidemiología o medicina social. Este tipo de servidores públicos son, generalmente, de izquierda; su trato con los sectores marginados y su formación académica, dominada por textos, estudios y programas adscriptos a esta variante de la geometría política, hacen que sean personas muy sensibles a la desigualdad social y el sufrimiento humano. Lo saben los usuarios de los servicios médicos, que advierten que cuando les dicen ‘vaya con la trabajadora social’, los están enviando ante una persona que comprenderá su sufrimiento y les ayudará o les dará idea de cómo solventar sus necesidades.

II

Hugo López-Gattel forma parte de la inteligencia nacional. Tiene una sólida formación profesional, política y humanística; trabaja en el sector público desde hace mucho tiempo; los sectores sociales y de salud son las áreas de trabajo de este tipo de profesionistas. Es difícil que un epidemiólogo ejerza su profesión de manera liberal, al estilo de médicos generales o especialistas, abogados, arquitectos o ingenieros civiles; su adscripción por antonomasia está el sector público y las políticas orientadas a tratar su objeto de estudio: las epidemias y la salud de grandes conglomerados humanos.

No llegó a la secretaría de salud con López Obrador. Ya había sido subsecretario con Felipe Calderón, encabezó los esfuerzos para enfrentar la epidemia de H1N1. Por qué en aquella ocasión no tuvo el protagonismo que ahora tiene? Por una razón muy simple: el gobierno de Felipe Calderón trató a la inteligencia nacional en la misma forma en que la trataron los regímenes priistas, con una mezcla de admiración y desprecio.

III

La tradición priísta (que por cierto, no se ha ido; pervive en todos los partidos, Morena incluso) tuvo una relación utilitaria con la intelectualidad; los metían de asesores, les financiaban viajes o publicación de libros. Los intelectuales tenían un oficio gris y tras bambalinas, acompañando a los próceres de la política en sus aventuras y glorias, pero siempre jugando un papel secundario. Se trataba que estuvieran cerca de los que hacían las leyes, prepararan discursos y les escribieran sesudos análisis que se publicaban en diarios y revistas con la firma de gobernantes y legisladores, pero totalmente alejados de la toma de decisiones y el ejercicio del verdadero poder.

Cuando en una ocasión se le preguntó a Jesús Reyes Heroles, entonces presidente del PRI, por qué su partido no tenía una escuela de cuadros, contestó con una frase que hizo historia: - el PRI no la necesita una, para eso tiene al Partido Comunista -. Esa frase resumía la relación entre la inteligencia y el poder y uno de los pilares en que se basó la prolongada dominación del partido de Estado, a saber: la palabra debe estar disociada de la acción y en política unos piensan, escriben libros y artículos periodísticos y otros deciden, hacen carrera y cobran por ello. Por eso el debate político fue insubstancial en casi todo el viejo régimen, los intelectuales debatían a trasmano, mediados sus pensamientos y elaboraciones por la boca de políticos casi analfabetos.

La conclusión de todo ello es que los intelectuales cayeron en el descrédito y los gobernantes y parlamentarios tuvieron un debate demasiado pobre (cuando, por accidente, lo hubo). Era tanto el desprestigio de la relación del poder con la inteligencia que hubo planteamientos y conductas que hicieron historia. A José Revueltas le molestaba que le llamaran intelectual – Soy escritor – decía -; el intelectual es el pendejo que está en el cuarto de junto escribiendo un discurso para otro pendejo más pendejo que él -.

En Guerrero es histórico que los intelectuales eran los que elaboraban las leyes, proponían las minutas y los acuerdos parlamentarios, en ausencia casi total de legisladores que fueron electos por cualquier cosa, menos porque supieran algo del trabajo intelectual. El maestro Gilberto Garza Grimaldo en el PRI y Sergio Ávila en la izquierda, fueron asesores parlamentarios a los que se deben muchas leyes que aprobaron diputados que hoy ni recuerdan esas legislaciones. Debo destacar una excepción, nobleza obliga: Florencio Salazar Adame, que coordinó una de las legislaturas más productivas y dirigió una serie de cambios institucionales y legislativos desde el congreso local. Lo hizo siendo un autodidacta, igual que Rulfo, que Arreola y que Revueltas, aunque cuando decidió unirse a Vicente Fox, al poeta también le dio por obtener un título de licenciatura que ninguna falta hacía a su reconocida preparación.

IV

Los partidos de izquierda copiaron literalmente los usos de la política priista, por eso no hay intelectuales de prestigio en las bancadas del PRD o de Morena, con excepción de Porfirio Muños Ledo. Unos son los que hacen los planteamientos y otros los que dan la declaración, tienen los cargos y los sueldos. Con la aparición de las redes sociales se agudizó el problema: se abrió el debate político a todos los niveles y los políticos y legisladores son los que menos participan y elaboran sobre los temas que la gente coloca en la agenda de la discusión.

Esa relación insana es la que cuestiona con su conducta el doctor López-Gattel. Su protagonismo, su forma de comunicar y sus convicciones políticas y sociales están marcando un parteaguas entre la vieja y la nueva política. López Obrador le ha concedido el papel estelar de la lucha contra la pandemia, lo ha dejado explayarse hasta los temas políticos y el subsecretario aprovechó el lance para exhibir sus prendas culturales.

Al principio dijimos que la derecha dejó de lado la intención de utilizar electoralmente el prestigio del doctor Gattel, pero no las cosas en paz. Una vez ubicado como personaje de firmes convicciones de izquierda comenzaron a hacer lo único que saben: cuestionar sus planteamientos, sus títulos universitarios y hasta su vida personal.

V

López Obrador arrancó desde el principio con Claudia Sheimbaum como su delfín, la disputa que escenificó con Ricardo Monreal por la candidatura a la jefatura de gobierno puede verse como la primera escaramuza adelantada por la sucesión presidencial en el año 2024. Allí mostró el presidente su idea de cómo deben ser los políticos del futuro: con firme preparación académica, con cultura general, que provengan de una tradición de lucha social y que, en consecuencia, estén preparados para el debate y el dominio de los escenarios.

Desde su libro Neoporfirismo mostró claramente estas inclinaciones y aludió repetidas veces a la generación de Benito Juárez como el modelo de político que la patria necesita. Los colaboradores del Benemérito dominaban la redacción, la oratoria y el debate; aunque sostuvieron amargas discrepancias entre ellos, siempre se respetaron las posiciones del contrario y salieron a la arena política en total unidad.

Sólo hay que recordar las cartas y artículos entre él y nuestro ilustre paisano, el combatiente y novelista guerrerense, Ignacio Manuel Altamirano, para darnos cuenta de la fuerza de sus ideas y la pasión con la que las defendían. En el gabinete de don Benito el más chimuelo masticaba rieles.

El epidemiólogo pertenece a la misma generación de líderes universitarios que Claudia Sheimbaum. Cuando coincidieron en el Consejo Estudiantil Universitario (CEU), Sheimbaum era la representante de la Facultad de Ciencias y él de la Facultad de Medicina. Esta propensión a los académicos y científicos es algo que puede observarse en el gabinete presidencial: cada secretaría tiene entre sus funcionarios de primer nivel a cuando menos dos premios nacionales; lo cual, por cierto, echa por tierra la mentira propalada por la derecha de que los militantes o simpatizantes de Morena no tienen preparación; ya hubiera querido cualquier presidente del viejo régimen tener un gabinete con los méritos académicos que tiene el de López Obrador; es un decir, en general no querían académicos ni buenos políticos, querían personas inmorales a las que les gustara robar. López Gattel, igual que Sheimbaum, forman parte de la inteligencia nacional y comparten las cualidades enunciadas. El único problema es la idea, muy cimentada en el presidente, de que México requiere con urgencia ser gobernado por una mujer.

Sabemos cómo es de obstinado en sus posicionamientos políticos, por eso está donde está, aunque es evidente que el protagonismo del subsecretario lo está haciendo pensar sus aspiraciones iniciales.
VI

López Gattel no tiene grupo político ni se ha inmiscuido en los temas electorales de Morena, del cual tal vez sea militante. Ello, más que una debilidad, constituye una ventaja. Estamos ante un nuevo prototipo de político, alejado de reyertas internas y de largas discusiones para favorecer a algunas de las llamadas corrientes del partido. Sin embargo domina con mucha puntualidad los temas de la izquierda, no sólo en su materia; en días recientes se ha explayado en subrayar que la pandemia encontró una sociedad con un tercio de siglo comiendo mal, producto de las políticas neoliberales.

Está comprobado que los últimos ataques en su contra provienen de las empresas que producen comida chatarra, a las que les ha declarado la guerra y está pugnando por un nuevo etiquetado donde el consumidor se informe que por atún está comprando pasta de soya rociada con aceite de pescado, entre otras mentiras que tienen en sus etiquetas muchos productos alimenticios. Le he escuchado una disertación histórica y política acerca del problema de la obesidad en México y también declamar un poema de Miguel Hernández, escritor español asesinado por la dictadura de Francisco Franco.

Reúne todas las cualidades y conocimientos de un hombre de izquierda y tiene la ventaja de no formar grupo político, ni siquiera con aquellos compañeros de lucha que tuvo en la universidad. Esa es una prenda que mucho se va a valorar en el proceso electoral de 2021; a pesar de lo que ha expresado el presidente acerca de la irreversibilidad de los cambios, en su fuero interno sabe que Morena no puede seguir siendo una franquicia para que escalen en el poder todo tipo de pillos sin compromiso con la gente ni con la narrativa de la Cuarta Transformación. Las generaciones trepadoras cumplen sus objetivos porque encuentran campo fértil en el clientelismo electoral y en la actividad de los grupúsculos que les abren espacios para tener mayoría frente a otras formaciones políticas de sus propios compañeros. Quienquiera que piense que ello es positivo y puede durar mucho, que regrese a mirar las ruinas del PRD, disputadas por los eternos beneficiarios del plurinominalismo: Los Chuchos.

VII

Por méritos propios, Hugo López-Gattel se metió a la jugada grande. Su inclusión, más que complicarle la operación al presidente, se la facilita. A partir de su aparición como protagonista, la derecha ha intentado golpearlo más que a la Jefa de Gobierno. No ha tenido éxito porque el médico tiene una impecable historia de vida, pero también porque es un genio para el debate: nunca pierde la calma y la utilización de términos adecuados hace que l@s periodistas que lo interpelan terminen con la boca abierta por el impresionante despliegue de información, de recursos oratorios, de términos expresados con firme convicción y con un conocimiento a todas luces amplio. Pasan minutos sin que repita una palabra de tres sílabas y su tono de voz eufónica no sufre variación, mantiene siempre un perfil doctoral. De oradores como él se dice: habla como un libro.

El subsecretario ni siquiera representa un problema de escalafón, puede seguir fungiendo como tal y manejar todo el curso de la pandemia, que es manejar el pulso cotidiano de la sociedad; lo dijo Lenin hace más de un siglo cuando le preguntaron un síntoma de la instauración de un verdadero socialismo: - Será cuando una ama de casa pueda ser Presidenta del Soviet Supremo - ; esto es, que no se necesita estar en el gabinete o ser gobernador para aspirar a ser presidente de la república. Esa es otra de las grandes enseñanzas que se están rompiendo para siempre.

La materia de trabajo del doctor Gattel no la conoce el grillito corriente y no hay forma de acercarse a él para tomarse la foto, los eternos cazadores de posiciones políticas no tendrían tema de conversación con este hombre sabio. Su jefe, el secretario Alcocer lo tiene como su alter ego en la secretaría, lo respeta y no tiene celos del excesivo protagonismo que ha logrado en los últimos dos meses. Como mariscal de campo del ataque a la pandemia, López-Gattel va a encabezar el regreso a la nueva normalidad y sus funciones serán tan amplias que incluirán la seguridad pública y la reactivación paulatina de la actividad económica. Si a la par o posteriormente a ello, el gobierno logra homogeneizar los servicios de salud y garantizar la seguridad social universal que incluya la gratuidad de la atención médica y los medicamentos, Hugo López-Gattel será sin ninguna duda el próximo presidente de México.

CORREO CHUAN

El correo chuan dice que las relaciones entre la inteligencia y el poder siempre han estado en una tensión que a veces es saludable y en otras tiende a humillar el trabajo intelectual y a generar debates sin ideas. El doctor Hugo López-Gattel está modificando con su conducta esos lugares comunes, y, dejado ser por el presidente, que respeta sus timbres y su personalidad, está proponiendo una nueva forma en la relación entre el poder y la inteligencia. Es un ejemplo de que en el sector público mexicano hay patriotas que sólo esperan la oportunidad para expresar sus ideas y poner en práctica aquellas habilidades para las que fueron entrenados en su formación profesional.

Sigo haciendo esfuerzos por regresar al artículo corto, sin embargo temas como éste y el publicado sobre los mitos de Coyuca de Benítez son propios para el ensayo. Espero pronto poder redactar indistintamente un artículo corto o un ensayo. Por lo pronto ténganme paciencia.

Por primera vez voy a compartir un material mío en la modalidad de ETIQUETAR. No sé hacerlo, alguien lo hará por mí. Dicen que con ello me ahorro tener que mandarlo a cada uno por la vía de mensajes. Si a alguien de los ETIQUETADOS le molesta que lo incluya sólo háganmelo saber y desde este momento les ofrezco disculpas por etiquetarlos sin su consentimiento.

Dice también el chuan que David Calderón es un calentano avecindado en California que me explica que hay interés entre los paisanos que radican allá para presentar mi novela histórica ‘La noche de los lagartos’.

Me informa que algunos ya la leyeron y otros se interesan en adquirir ejemplares. Uno de los clubes de migrantes de Chicago también tiene esa intencionalidad y otros paisanos radicados en el estado de Colorado y Nuevo México. A todos les respondo que les agradezco mucho sus invitaciones, que seguramente se materializarán cuando haya libros de la segunda edición, la primera se agotó muy pronto. A todos los saludo con respeto y les pido que se cuiden y les digan a sus familiares de acá que hagan lo propio; algunos todavía no quieren creer que el planeta ya se cansó de nosotros.

Este artículo está dedicado a la psicóloga atoyaquense Pilar Pérez Gutiérrez y a la periodista tecpaneca Cristina Sierra. Están irremediable y perdidamente enamoradas del doctor López-Gattel. Espero que estas líneas fortalezcan el bello sentimiento del amor, aunque para decidir quién se queda con él, se tengan que dar una bola de chingadazos. No se vayan a desmayar: les informo que el subsecretario desde hace un año está separado de su esposa, la brillante académica Arantza Colchero, descendiente de republicanos españoles asilados en México (como la actriz Ana Colchero y la investigadora y notable académica de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Elvira Colchero, sus parientes).

(Paréntesis después del punto y seguido; tal vez por eso al subsecretario le guste la poesía (Cristina Sierra Cristina); (ay guey!) salieron dos paréntesis seguidos, con éste es el tercero; esto parece una multiplicación algebraica). Zapata 21 es una dirección de bellos recuerdos.

E-mail: correochuan@hotmail.com.


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