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**El horror de la violencia

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Seguridad
Noviembre 10, 2015 21:57 hrs.
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Roberto Santos › codice21.com.mx

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Cada día nos asombramos más por la capacidad que tienen los grupos criminales de producir horror con sus asesinatos llenos de crueldad y sin límites simbólicos, como respetar la vida de las mujeres, de los niños y de los ancianos. La prudencia ni piedad existen en quienes tienen el poder que les otorga un arma, cuando la idea es matar y exterminar, así sea niños o mujeres.

El poder se mezcla con la impunidad, creando el coctel perfecto para recrear el clima de violencia y agresividad. Secuestros, asesinatos, asaltos, violaciones y desaparición de jovencitas o jóvenes es el clima que actualmente padece la sociedad de Chilpancingo y del estado.

Y no hay, por donde se le busque, un esquema de seguridad a la altura de las necesidades de la sociedad que le permita sentirse segura o protegida. El gobierno federal no puede contener la criminalidad menos los otros niveles de gobierno que de él dependen. Una acción comunitaria podría ser la solución.

Es cierto que las condiciones de pobreza, marginación y olvido de quienes han gobernado han creado un caldo de cultivo para el crecimiento exponencial del negocio de los estupefacientes. Pero claro está que sin la complicidad y connivencia de muchos que deberían hacer cumplir la ley y cuidar a la sociedad, esto no hubiera prosperado, ni llegado a donde actualmente se encuentra, dejando sin márgenes de reacción a los cuerpos policiacos, ante la cantidad de eventos violentos o criminales en el estado.

La sociedad está produciendo sus verdugos. El delincuente o criminal es un individuo que posee alteraciones psicológicas y sociales, proveniente de hogares disfuncionales, por lo tanto, sus acciones violentas son el reflejo de lo que viene padeciendo.

Tenemos en las calles a sujetos con problemas de adaptación psicológica y social, que vienen de enfrentar problemas conflictivos y que los resuelve con sus métodos agresivos, y si les pagan por ello, mejor actúan.

Ese debe ser un llamado de atención para los gobiernos en turno, porque se preocupan demasiado por la obra pública y de relumbrón, pero descuidan la parte humana, básica para una sociedad armónica.

Existen acciones limitadas para atender mediante programas serios el fortalecimiento de la familia, del cuidado de los niños que han sido abandonados, implementar escuelas de padres para que tengan los conocimientos necesarios para bien educar a sus hijos.

Así como fortalecer programas de vivienda y que los niños o jóvenes tengan acceso verdadero a la educación, y sobre todo que tengan en su hogar muestras de afecto y cuidado de sus padres.

Utópicamente, pero todo ello es necesario para que los niños y jóvenes tengan un sano desarrollo psicológico y social. Quizá sea mucho pedir, pero los gobiernos deben empezar por realizar muchas de esas acciones si es que verdaderamente quieren reducir la violencia. Usar métodos policiacos como única estrategia –con todas sus limitaciones y complicidades– es prolongar la agonía de una sociedad enferma.

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